La mayoría de nosotros conocemos las expresiones «hay que vivir el momento» o «estar en el aquí y ahora». Incluso puede que hayamos probado alguna técnica de meditación o relajación como el Mindfulness que nos haya facilitado estar más «presentes».

Vivir más en el «ahora» es una buena opción para incorporar a nuestro día a día, ya que muchos de los conflictos que llegamos a tener los seres humanos vienen dados por quedarnos anclados en el pasado por nuestras culpas, reproches o rencores, o todo lo contrario, por anticiparnos de forma inadecuada a un futuro que todavía no ha ocurrido.

Centrar la mente en el presente es, no solo una forma inteligente de vivir, sino que además nos ayudará a mantener nuestra atención de forma mucho más eficaz en todas las tareas que hagamos a lo largo del día y a vivir menos estresados. 

Encontrar el equilibrio entre vivir el presente y planificar el futuro

Pero saber vivir el presente no es para nada incompatible con saber planificar una estrategia que diseñe hacia dónde queremos ir. De hecho, planear de forma específica lo que queremos hacer, nos ayudará a analizar si estamos actuando correctamente para conseguir cualquier objetivo que nos marquemos.

Pongamos un ejemplo: si queremos correr una maratón, es evidente que no podemos hacerlo sin preparación. Por tanto deberemos organizar a corto plazo lo que vamos a hacer las próximas semanas (tener un buen calzado, adaptar la alimentación, seguir un buen programa de estiramientos, empezar a registrar los entrenamientos que al principio serán más cortos y poco intensos, etc.), a medio plazo (de aquí seis meses queremos haber conseguido X marca en X tiempo, y para ello necesitamos hacer X entrenamientos a la semana) y a largo plazo (el momento previo a la maratón dentro de X meses/años en el que estaremos en óptimas condiciones para poder realizarla).

De alguna forma, tenemos que llegar a un equilibrio entre saber disfrutar del día a día y compaginarlo con que nuestro “yo” futuro no tenga que pagar por los errores de nuestro “yo” presente. 

El ser humano tiene bastante dificultad en planificar de forma adecuada, o mejor dicho, quizá lo programa bien pero a la hora de ejecutarlo está un poco distraído y en muchas ocasiones las cosas no le salen  como deseaba o directamente ni le salen.

Es el caso de las personas que se apuntan al gimnasio porque quieren ponerse en forma y a los dos meses dejan de ir, los que empiezan la dieta el lunes y el miércoles ya la han abandonado, o los eternos estudiantes de inglés que se apuntan cada septiembre a la academia pero que al cabo de unas pocas semanas o meses dejan de asistir a clase.

¿Qué estrategia siguen los mejores?

Entonces, las personas que corren maratones, consiguen una marca mundial o se sacan unas oposiciones  ¿son superhombres? Pues al parecer no. Sin embargo, tienen una serie de características en común que los hace muy parecidos entre todos ellos aunque pertenezcan a disciplinas muy distintas:

  • Se fijan un objetivo claro y concreto. Si uno no sabe si quiere rebajar la marca mundial o la nacional, no va a poder focalizarse. Por lo tanto, cuanto más precisos seamos con nuestro propósito, mejor.
  • Sus metas son cuantificables. Para saber si evolucionan de forma adecuada o no, miden y registran sus avances para poder analizarlos de forma objetiva y saber si están enfocados en la buena dirección.
  • Marcan una estrategia a corto, medio y largo plazo. Tienen claro cómo van a estructurar su tiempo hoy, mañana y en los próximos meses, y qué van a hacer en cada período de tiempo.
  • Son realistas. No se cuentan cuentos a ellos mismos ni construyen castillos en el aire. Todo lo que planifican está a su alcance si se esfuerzan lo suficiente.
  • Son entusiastas. Aunque sean sensatos y pragmáticos, sueñan con aquello que quieren alcanzar y están altamente motivados. Su parte emocional es la que les inyecta pasión y fuerza al proyecto.
  • Tienen un porqué. Saben que el sacrificio que están realizando tiene un sentido importante para ellos. En los momentos en que aparecen las dificultades, saber por qué y para qué están realizando tales esfuerzos les ayuda a no tirar la toalla.
  • Se comprometen con su objetivo. Un acuerdo con ellos mismos va más allá de si hoy llueve o no les apetece trabajar en su proyecto. Un compromiso es verdadero cuando nuestro “yo” presente es capaz de sacrificarse por el bienestar y felicidad de nuestro “yo” futuro, cueste lo que cueste.
  • Sus metas son congruentes con sus valores. Los valores son el marco en el que queremos vernos, en el que nos sentimos orgullosos de nosotros mismos porque nos dan coherencia. Definen cómo queremos ser, qué cualidades queremos que nos caractericen y qué es importante de verdad para nosotros. Sus objetivos están altamente relacionados con sus valores y eso les hace ser coherentes y sentirse mejor con ellos mismos.
  • Actúan. No pierden su espíritu luchador porque su autoestima se refuerza cada vez que lo intentan. Actuar les hace sentir cada vez más confiados y esa seguridad, junto la lealtad a sus valores y su compromiso, se convierten en el motor para no rendirse.
  • Aman el proceso. Un objetivo ambicioso requiere tiempo, por lo que si solo se piensa en el objetivo final y no se disfruta del día a día, difícilmente se consigue nada de lo planeado. Las personas que logran sus metas gozan del camino y de los pequeños cambios que van consiguiendo a medida que avanzan. 
  • Visualizan. Imaginan de forma detallada cómo se van a sentir y cómo va a ser su realidad cuando consigan sus objetivos, y eso les anima a continuar.
  • Si no logran sus metas, se sienten igualmente orgullosos. Eso es debido a que han sido leales a sus principios y a que han hecho todo lo que estaba en sus manos para conseguirlo. Acostumbran a ser personas con un gran espíritu de superación y saben que las cosas no siempre salen como queremos, pero que aun así pueden sentirse satisfechos de lo que  han hecho.

Así que si de verdad queremos conseguir todo lo que nos propongamos (o al menos intentarlo de verdad, ya sabemos que no siempre todo depende solo de nosotros), no nos queda otra que saber por qué lo hacemos, establecer un compromiso firme, tener muy presentes nuestro valores, una mirada a largo plazo y actuar.

En realidad, el auténtico valor de conseguir algo que nos proponemos no se halla tanto en el resultado como en lo que nos convertimos durante el recorrido para llegar hasta él. Por lo tanto, amemos y disfrutemos el proceso.

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Montse Armero. Psicóloga General Sanitaria. Colegiada 11986 del COPC.

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