Tal y como explica el Dr. Mario Alonso Puig en su libro Reinventarse, las personas de mentalidad negativa favorecen la muerte neuronal, en cambio las positivas generan nuevas neuronas a partir de células madre cerebrales. Es decir, que de alguna manera modificamos la estructura de nuestro propio cerebro con nuestros pensamientos. De hecho, cada vez hay más estudios neurológicos que analizan cómo los pensamientos positivos o la meditación cambian ciertas estructuras cerebrales.

¿Tenemos la misma cantidad de pensamientos negativos que positivos?

A lo largo del día pasan por nuestra mente un gran número de conceptos, ideas, imágenes y reflexiones, y como es fácilmente deducible, no tendrá nada que ver cómo nos sentiremos si son predominantemente negativos o si son más positivos.

Según algunos estudios, producimos alrededor de unos 60.000 pensamientos al día, pero, aunque tengamos de los dos tipos, de forma natural estos son más negativos que positivos. Uno de los motivos es porque nos cuesta más recuperar el estado neutro cuando nos dicen algo negativo que cuando es positivo. Por ejemplo, si nos comentan que hemos realizado un buen proyecto y nos felicitan, seguro que nos alegraremos, sin embargo en poco tiempo nos olvidaremos y pasaremos a centrar nuestra atención en otros asuntos. En cambio, si nos dicen que nuestro proyecto ha sido un desastre y nuestro jefe nos llama la atención, muy probablemente nos suponga un mayor esfuerzo dejar de pensar en ello.

Sería como si activásemos el modo «bucle» y nos quedásemos enganchados a lo negativo. En ambos casos la tendencia natural será volver a un estado mental más neutro, pero en la segunda circunstancia nos llevará mucho más tiempo realizarlo. Por esa razón debemos «despertar», tratar de hablarnos de una manera diferente e intentar volver a la neutralidad lo antes posible. Es cierto que requerirá un esfuerzo extra, pero es fundamental que lo intentemos para no alargar el malestar en el tiempo.

¿Cómo podemos modificar nuestros pensamientos?

El modo en el que nos hablamos es determinante en nuestras vidas. Las palabras repetidas a lo largo del tiempo en nuestras mentes pueden propiciar un cambio de vida a mejor, o justo lo contrario. Evidentemente, no porque nos hablemos bien a nosotros mismos va a cambiar nada, pero si lo acompañamos de otras medidas igual de importantes y las mantenemos en el tiempo, muy probablemente la transformación sea significativa.

Por lo tanto, es primordial hablarnos desde la compasión, comprendiendo que a veces cometemos errores sin querer. Desde la admiración, recordándonos todos lo bueno que hemos hecho hasta ahora y todo lo que queremos hacer. Desde el amor, valorando el cariño que damos a los demás y todo lo que somos capaces de hacer por ellos. Hablándonos en definitiva como le hablaríamos a una persona que quisiéramos, a nuestros hijos, pareja o mejor amigo, por ejemplo.

 Si somos capaces de hacerlo por los demás, aún con más motivo debemos hacerlo por nosotros mismos. Es importante dejar de juzgarnos injustamente o de culparnos por situaciones que ya han pasado. Deberíamos encontrar el modo de canalizar nuestra energía para tratarnos con más afecto y comprensión, ya que nos va mucho en ello.

Las emociones negativas también son positivas… o al menos, adaptativas

Otro aspecto importante al relacionar nuestros sentimientos y pensamientos es que debemos diferenciar entre sentir emociones negativas, que es completamente normal, y estados de ánimo negativos, que si se prolongan en el tiempo sí pueden perjudicarnos.

Sentir emociones negativas no es nada malo, al contrario, es totalmente adaptativo y tienen un sentido de haber llegado hasta nuestros días. Si, por ejemplo, nos encontramos con un león cara a cara, lo normal será que sintamos miedo y que en nuestro cuerpo se produzcan una serie de reacciones fisiológicas para combatir la situación, que generalmente serán de huida o de ataque. No habríamos sobrevivido como especie sin sentir miedo. 

Lo mismo ocurre con la tristeza. Sentir pena cuando nos dan una mala noticia o algo malo sucede es normal. Nos ayuda a integrar un cambio en nuestras vidas. La mayoría estaremos de acuerdo en que perder a un ser querido o que tenga una enfermedad incurable, fracasar en un proyecto o ser rechazados por la persona que amamos, son situaciones en las que nos sentiremos tristes unos días, semanas o meses, en función de la gravedad de lo ocurrido.

El problema está en el mantenimiento de las emociones negativas en el tiempo, ya que se convierten en estados anímicos, y estos pueden perjudicar gravemente nuestro sistema inmunitario, nuestras arterias, corazón, músculos y vísceras, además de bloquear nuestra claridad mental.

En cambio, los estados de ánimo más positivos en los que las personas se sienten confiadas e ilusionadas, mejoran nuestra salud física y mental y nos permiten mantener un equilibrio emocional. Por tanto, hay que fomentarlos tanto como sea posible.

De qué sirve decirnos a nosotros mismos mensajes positivos

Es obvio que decirnos frases bonitas y positivas sin más no va a cambiar nuestra vida. De hecho, un estudio publicado en la revista Psychological Science, demostró que este tipo de frases eran perjudiciales para las personas que tenían baja autoestima porque se la bajaba aún más, y en cambio sí que beneficiaban a las personas que ya tenían la autoestima alta, es decir, a las que no lo necesitaban.

Entonces, ¿qué podemos hacer? Pues trabajar en nuestra inteligencia emocional, está claro. No hay una receta única para sentirnos mejor y llegar a tener una mentalidad positiva. A unos les funcionará más un método y a otros otro. Hay muchos ejercicios propuesto tanto en libros de psicología como en internet, pero si solo los realizamos en un momento puntual, la satisfacción será inmediata aunque también totalmente efímera.

Estar bien con uno mismo y que eso se transmita a una visión positiva del mundo mantenida en el tiempo, requerirá de un trabajo constante, de enriquecerse de diferentes autores, filosofías, personas con las que compartamos inquietudes, películas, series, vídeos o podcasts que nos hagan reflexionar. Sin duda pasará por amueblarnos la cabeza de manera consciente, porque por sí sola no lo hará.

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Montse Armero. Psicóloga General Sanitaria. Colegiada 11986 del COPC.

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