A lo largo de la vida, las personas pasamos por diferentes etapas y vivimos grandes cambios. Algunos períodos están repletos de buenos momentos, sin embargo hay otros en que las circunstancias se tuercen y el dolor entra en nuestras vidas de forma contundente: pasar por penurias económicas, una separación, una catástrofe, una enfermedad grave o la muerte de un ser querido, son situaciones que nos ponen al límite en muchos aspectos y con las que tenemos que aprender a lidiar.

Cada persona sobrelleva su realidad de la mejor forma que puede, pero es fácil que cuando pasamos por una época difícil, la tristeza, la ansiedad, la rabia, además de muchos otros síntomas físicos como el insomnio o la hipertensión arterial, hagan acto de presencia. Al fin y al cabo, estamos pasando por una situación de estrés mantenido en el tiempo y nuestro cuerpo reacciona tan bien como puede, pero es obvio que tiene sus limitaciones.

Aceptación


Alan Watts
(1915-1973), un filósofo inglés divulgador del Zen en Occidente, propuso la teoría del esfuerzo invertido, en la que describe cómo, en determinadas ocasiones, cuanto más luchemos por sentirnos bien, más insatisfechos viviremos. A veces es necesario tomar consciencia, serenarse y dejar fluir lo que está ocurriendo. Es desde esa aceptación que podremos entender mejor la situación e integrarla con más sabiduría.

Aceptarse a uno mismo y tan importante como eso, o más, aceptar la realidad que nos ha tocado vivir, son la clave para poder estar mejor y empezar a dejar de sufrir, tal y como comentábamos más ampliamente en el artículo Momento de hacer balance.

¿Qué más podemos hacer para estar bien?

Cuando vivimos una situación difícil, es habitual entrar en una espiral negativa e incluso claudicar, pero hemos de tener presente que en los peores momentos de nuestra vida, siempre podemos escoger tener una actitud proactiva y mejorar algunos aspectos de nuestra realidad: puede ser vivirla con más serenidad reajustando nuestros pensamientos, realizar ejercicios de relajación y meditación, explicar a personas cercanas o a un terapeuta cómo nos sentimos, o pedir ayuda cuando estemos desbordados.

Muchas circunstancias difíciles remiten y con nuestra conducta podemos colaborar a que sea de forma más breve. Y en el caso de que no mejoren, una actitud proactiva siempre nos ayudará a mantener nuestro aplomo y a sobrellevar la situación con mayor dignidad.

Ver la luz más allá de la oscuridad

Cuando vivamos una época especialmente adversa, es importante que analicemos la situación que estamos atravesando y entendamos que:

  1. Pese a que los demás no estén pasando por la misma situación que nosotros, algunas de las personas que nos rodean posiblemente tienen una buena capacidad de empatía y pueden entendernos e incluso ayudarnos. De hecho, bastante más de lo que imaginamos.
  2. Aunque creamos que nuestro problema no le ocurre a nadie más, la realidad es que probablemente miles o millones de personas en el mundo hayan pasado por lo mismo o estén viviendo una experiencia similar. Quizá esa información no nos reconforte, pero saber que otras personas han  vivido algo parecido y que en muchos casos lo han superado, puede ayudar.
  3. Lo mismo sirve para nuestros pensamientos. Por muy raros, negativos, autodestructivos, desoladores, angustiantes o agresivos que sean, miles o quizá millones de personas los han tenido antes que nosotros, y muchos de ellos han conseguido dejarlos atrás.
  4. Pasar por un momento difícil es muy duro, pero cuando lo superamos, nos fortalece. Nos convierte en personas más sabias, más humanas y más compasivas. Nos enseña a aceptar nuestra vulnerabilidad, a relativizar y a valorar todavía más los momentos libres de dolor. Claro que preferiríamos no tener que vivirlos, pero la vida es como es. A cambio de nuestro inmenso dolor, nos aporta un gran aprendizaje de vida.
  5. Vivir una experiencia negativa no tiene por qué condicionar el resto de nuestra vida. La resiliencia es la capacidad de las personas para reponerse de situaciones gravemente adversas, y todos podemos desarrollar o mejorar esa habilidad si hacemos un esfuerzo consciente.
  6. La mayoría de personas nos sobreponemos a los momentos más difíciles, aprendemos de la experiencia y seguimos adelante. Si nuestra vida es lo suficientemente larga, todos acabamos teniendo cicatrices en el alma y los días de lluvia duelen, como las cicatrices físicas, pero se sobrevive.

 

Por ello, es indispensable aprender los recursos emocionales tan pronto como sea posible, y sobre todo llevarlos a la práctica, que es como más se aprende.

Un buen ejercicio sería imaginar cómo reaccionarían ante la misma adversidad las personas a las que admiramos especialmente por su fortaleza emocional. ¿Qué pensarían? ¿Cómo lo afrontarían? Si ponemos delante de un problema a mil individuos, tendremos mil maneras diferentes de abordarlo y solucionarlo. Analizar cómo lo resolverían las personas más sabias y reflexionar sobre lo que podemos hacer nosotros para llegar a ser como ellas, puede ser una buena estrategia. Al fin y al cabo, ellas no nacieron sabiéndolo todo, sino que lo han ido aprendiendo por el camino al igual que estamos haciendo nosotros ahora.

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Montse Armero. Psicóloga General Sanitaria. Colegiada 11986 del COPC.

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