CONDUCTAS DE RIESGO EN LA ADOLESCENCIA

La adolescencia es una etapa de cambios, retos y decisiones constantes. Una época repleta de grandes oportunidades y opciones vitales, pero en la que también se suelen cometer numerosos errores y asumir riesgos de manera muy habitual.

¿Por qué los adolescentes practican conductas arriesgadas?

Se han realizado gran cantidad de estudios para profundizar en los motivos por los que los jóvenes mantienen comportamientos peligrosos de forma frecuente. Algunas de las conclusiones a las que se han llegado son:

El cerebro adolescente está en pleno desarrollo. La corteza prefrontal, que es una región del cerebro asociada con la inhibición del comportamiento de riesgo, no se desarrolla completamente hasta cumplir los 25 años.

Experiencia vital reducida. Los adolescentes funcionan muy habitualmente por ensayo y error porque no han tenido tiempo material de aprender cómo han de actuar en cada nueva situación. Les falta «mundología».

Perspectiva insuficiente. Al no tener un gran cúmulo de experiencias vividas, les resulta más complicado analizar el patrón de comportamiento que siguen, sacar conclusiones y corregir su trayectoria.

Déficit en la percepción del riesgo de forma objetiva. En los adolescentes impera el placer inmediato por delante de examinar el auténtico riesgo que involucra una conducta peligrosa.

Dificultad para pensar en las consecuencias. Los adolescentes no son capaces de medir exactamente los efectos posteriores de su comportamiento, por  lo que comenten más errores.

Influencia del grupo. En la adolescencia los amigos pasan a tener un papel fundamental e impresionarlos suele ser uno de los grandes motivos por los que se practican conductas arriesgadas.

Conductas de riesgo más habituales

Hay una gran cantidad de conductas de riesgo que los adolescentes llevan a cabo: mantener relaciones sexuales precoces y sin protección, practicar «balconing» mientras lo graban los amigos, hacer parkour saltando de un edificio a otro, apostar por internet, esquiar fuera de pista, subirse al coche de un desconocido, quedar con alguien que han conocido por internet y del que no saben nada o hacer Challenges con productos tóxicos, por poner algunos ejemplos. Es probable que algunos sean más excepcionales, pero en cambio hay otros que están mucho más presentes en su día a día. Algunos de los más habituales son:

  • Consumo de tabaco. La edad en la que más se inician los adolescentes a fumar es a los 15-16 años, y sigue in crescendo hasta los 17-18. A esa edad, un 25% de jóvenes fuma a veces, a menudo o todos los días, pero el tabaco ya está presente en sus vidas. Las cifras de la HBSC  (un estudio internacional que analiza las conductas escolares relacionada con la salud), en las que se comparan los hábitos de los adolescentes españoles, son relativamente positivas respecto al tabaco, ya que desde 2002 a 2014 se ha reducido en casi un 10% la cantidad de jóvenes que fuman todos los días. Aun así, miles de adolescentes probarán el tabaco por primera vez este año y muchos de ellos acabarán siendo fumadores.
  • Alcohol y otras drogas. El consumo de alcohol es muy habitual en la adolescencia, especialmente a partir de los 13-14 años. Se acostumbra a beber en fin de semana y en compañía de otros jóvenes que también toman alcohol. Las drogas que más se consumen entre los jóvenes son tanto el alcohol como el tabaco. En cuanto al consumo de drogas ilegales, más que la prohibición, influye la facilidad para conseguir la sustancia y el grado de aceptación social de la misma.
  • Abandono de los estudios. Existen muchos motivos por los que los adolescentes dejan los estudios: desmotivación, bajo rendimiento académico, bajos recursos económicos, bullying, embarazo, sufrir alguna psicopatología como ansiedad o depresión, influencia del entorno o falta de apoyo familiar, entre otros. Renunciar a los estudios no solo les limita las opciones de incorporarse al mercado laboral, sino que puede afectarles de forma muy negativa a nivel físico y mental: culpa, frustración, conducta violenta, depresión, ansiedad, aumento del consumo de tóxicos y otras conductas de riesgo.
  • Trastornos de la conducta alimentaria. La manifestación de trastornos alimentarios como la anorexia nerviosa o la bulimia aparecen de forma mayoritaria en la adolescencia. En ello tienen que ver muchos factores, tanto los cambios que se producen a nivel biológico y psicológico, el aspecto social tan importante en esta etapa o los cánones de belleza del momento. Estos trastornos alimentarios puede complicarse tanto que acaben por poner en riesgo la salud física de los pacientes a niveles gravísimos, incluso causando la muerte por inanición.
  • Conducta antisocial. Vandalismo, hurto, robo, acoso, agresión, conducir saltándose la normativa de circulación o cualquier comportamiento que vaya en contra de las leyes establecidas por la sociedad, son conductas que, no solo les exponen a un riesgo físico importante, sino que además es muy probable que acaben en multa, denuncia o que finalicen con la intervención de un juez si el asunto se agrava.
  • Retos de las nuevas tecnologías. Challenges como el Banana Peel, Choking game, Planking, Bird Box o subirse a un lugar peligroso para hacerse una selfie y publicarla, son extremadamente arriesgados ni que en muchas ocasiones suela minimizarse los posibles efectos y lesiones que puedan causar.
  • Autolesionarse. Las autolesiones pueden realizarse para aliviar un dolor emocional intenso que la persona no puede soportar y estar relacionadas con algún trastorno psicopatológico, como por ejemplo los trastornos alimentarios o los trastornos límites de la personalidad, pero no siempre tienen por qué darse en personas que sufran una patología mental. En otras ocasiones se realizan para experimentar, para obtener un reconocimiento social, para sentirse especial o como forma de llamar la atención.

Los adultos no podemos evitar que los adolescentes cometan errores. Experimentar, equivocarse y aprender es parte inherente de ser joven, les ayuda a descubrir quiénes son y en quién se quieren convertir. No obstante, sí que podemos ayudarles estableciendo una comunicación fluida con ellos, escuchándoles activamente, facilitándoles información de calidad y compartiendo nuestros aprendizajes y nuestra perspectiva vital.

Aprendiendo a vivir

Si te interesa el mundo adolescente y cómo ayudar a los más jóvenes a encontrar su camino, el libro Aprendiendo a vivir: Cómo ser un adolescente proactivo y feliz puede ser una buena opción para ti. Es un manual de crecimiento personal para adolescentes y jóvenes basado en la psicología cognitiva y en diferentes disciplinas como el mindfulness, el coaching o la psiconeuroinmunología, en el que se proporcionan numerosos recursos para que aprendan a:

 

 

  • adquirir la motivación en el ámbito académico
  • aprender a planificar
  • saber organizarse
  • cuidar de su salud de manera apropiada
  • establecer sus valores y definir sus prioridades
  • ser personas proactivas
  • tomar mejores decisiones
  • crear nuevos hábitos
  • gestionar sus emociones negativas
  • mejorar su asertividad y su empatía
  • relacionarse de forma adecuada con los demás

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Montse Armero. Psicóloga General Sanitaria. Colegiada 11986 del COPC.

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