Según un estudio realizado en la Harvard Business School, se calcula que en torno al 5% de los trabajadores tienen actitudes tóxicas. La forma de proceder de estos sujetos puede tener tal impacto a su alrededor que puede llegar a dinamitar el ambiente de trabajo e influir notablemente en la motivación del resto de compañeros.

Las personas desarrollamos una serie de roles diferentes y no nos comportamos de la misma manera siendo trabajadores, padres o amigos, por lo que es importante tener presente que, más que personas tóxicas, existen comportamientos tóxicos. Un trabajador puede tener una actitud perjudicial para el resto de compañeros en su puesto de trabajo y sin embargo actuar de un modo completamente distinto en otro ámbito. Sigue siendo la misma persona, por supuesto, pero las variables con las que interactúa son diferentes y eso determina que su comportamiento también lo sea.

Los motivos por los que un trabajador puede tener una actitud tóxica ante los demás son de lo más variado: insatisfacción, frustración, desmotivación, ansiedad, estrés o depresión, entre otros. De hecho, todos tenemos comportamientos tóxicos en algún momento, aunque muchas veces los realizamos sin ser conscientes de lo contagiosos que son y de la repercusión que pueden llegar a tener si se perpetúan en el tiempo.

Principales comportamientos tóxicos en el trabajo

Algunas de las conductas tóxicas más habituales y que más malestar generan en el ambiente de trabajo son:

  • La queja. Los trabajadores que están constantemente quejándose, focalizan su atención en los aspectos más negativos que les rodean, sin apreciar ni agradecer lo positivo que sí hay en cualquier puesto de trabajo.
  • El critiqueo. Los individuos que murmuran de los demás a sus espaldas y difunden rumores también crean un mal ambiente de trabajo, muchas veces sin ser demasiado conscientes de ello.
  • El victimismo. Los sujetos con una actitud victimista tienen un comportamiento reactivo, que es lo opuesto a ser proactivo, y consideran que los cambios y mejoras que puedan haber en su empresa no depende de ellos, sino de los demás.
  • La crítica destructiva. Las personas que juzgan abiertamente a los demás generan un malestar importante, aunque lo que digan sea cierto. Las críticas deberían realizarse siempre desde la empatía y desde un punto de vista constructivo.
  • La manipulación. Las personas que manipulan a los demás en su propio beneficio acostumbran a ser muy hábiles en sus acciones, pero cuando el resto de compañeros se percatan de sus intenciones, son profundamente rechazados.
  • La mala educación. Los trabajadores que no muestran respeto hacia las normas mínimas de convivencia como puede ser hablar en un tono adecuado, saludar, pedir disculpas o ser puntuales, crean mucho malestar entre el resto de compañeros.   
  • El escaqueo. Una de las actitudes que producen más rechazo en el ámbito laboral es la de los trabajadores que escurren el bulto ante el trabajo. Si además se atribuyen posteriormente méritos que no les son propios, el rechazo hacia ellos llega a cotas máximas.
  • El egoísmo. El ámbito laboral requiere, en mayor o menor medida, saber trabajar en equipo y tener una actitud de colaboración y compañerismo, por lo que los comportamientos egoístas generan muy mal ambiente de trabajo.
  • El engaño. Las personas que mienten a los demás de forma deliberada y posteriormente son descubiertas producen gran malestar y desconfianza entre el resto de trabajadores.
  • La hiperexigencia. Muchos trabajadores hiperexigentes con ellos mismos lo son también con los demás. Esa actitud llevada al extremo puede ocasionar un rechazo importante a la persona que la está  generando.
  • Hacer el vacío a un compañero. Las personas que mantienen este tipo de actitudes hacia un trabajador no saben dejar de lado las diferencias personales que puedan tener con la otra persona, por lo que priorizan su resentimiento y su falta de empatía por encima del bien común.

Qué hacer ante un comportamiento tóxico

En función de la relación que tengamos con la persona y de quién sea −no es lo mismo que nuestra secretaria o un compañero tengan una actitud incorrecta a que sea nuestro jefe el que se comporta de manera tóxica−, podremos actuar de la siguiente manera:

  1. Relativizar la importancia del problema. Antes de tomar ninguna medida, es importante que analicemos si la actitud del compañero con el que tenemos el conflicto es realmente tan perjudicial o no. Muchas veces la solución pasa por ignorar según qué actitudes o comentarios y aprender a minimizar el impacto que puedan tener en nosotros.
  2. Exponer el problema a la persona que lo genera si nos afecta directamente. Si realmente tenemos un conflicto con otra persona porque su comportamiento está siendo tóxico, lo mejor es hablarlo directamente con ella de manera asertiva. Dialogar de forma educada y respetuosa exponiendo nuestro punto de vista puede solucionar muchos pequeños contratiempos que, de no tratarse, pueden llegar a enquistarse.
  3. Empatizar. A la hora de hablar con el otro, es importante que mantengamos unas altas dosis de empatía hacia su discurso. Casi nadie actúa de forma vil sin un motivo, por lo que practicar la escucha activa e intentar entender por qué razón actúa de ese modo es fundamental para la resolución de la discusión.
  4. Pedir ayuda. Si aún habiendo dialogado continúa habiendo dificultades, es momento de pedir ayuda a un superior. Puede que no sea nuestra primera opción, pero no solucionar un conflicto que nos afecta en el día a día tampoco debería serlo. En caso de que el problema lo tengamos con nuestro propio jefe la solución pasará por hablar con el jefe de nuestro jefe (en caso de que lo haya, obviamente).
  5. Valorar otras opciones. Cuando el conflicto directamente no tenga solución, las opciones serán más limitadas, pero deberemos volver a plantearnos la gravedad del asunto y tomar algún tipo de decisión importante como puede ser pedir un cambio de funciones, de departamento o incluso irnos del trabajo.
  6. Aceptar. Si optamos con la aceptación de la situación, esta puede convertirse en una auténtica fuente de sabiduría, ya que nos enseñará a perdonar, a relativizar, a ser más pacientes, más humildes y a valorar aún más cualquier ausencia de conflicto.
  7. Cambiar de trabajo. En caso de que podamos permitírnoslo o de que la situación sea insostenible, el desenlace puede ser un cambio de trabajo. Al fin y al cabo, no seremos ni los primeros ni los últimos que cambiamos de empresa o de sector para mejorar nuestras condiciones laborales y personales.

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Montse Armero. Psicóloga General Sanitaria. Colegiada 11986 del COPC.

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