La presencia de las redes sociales en nuestras vidas ha cambiado profundamente la manera de interactuar con el mundo y seguramente la mayoría de nosotros ya no sabríamos vivir sin ellas. Las ventajas son innumerables: podemos compartir nuestro día a día con los más allegados, continuar conectados a personas que ya no forman parte de nuestro entorno más inmediato, seguir a personajes públicos o anónimos que comparten sus conocimientos y aprender casi cualquier disciplina con ellos, descubrir lugares fascinantes, encontrar trabajo o conocer a personas con las que difícilmente coincidiríamos en la vida real. Las redes tienen un potencial casi ilimitado y posiblemente sean uno de los mejores inventos del siglo XXI.

Pero obviamente también tienen sus desventajas: algunas tan graves como la adicción que generan en millones de personas en todo el mundo, el ciberacoso −humillar a una persona de forma reiterada con mensajes insultantes o amenazas en la red− o el grooming −adultos que fingen ser jóvenes y que se ganan la confianza de los menores con la finalidad de que les envíen imágenes eróticas o de que haya un encuentro sexual−. Otras desventajas como la pérdida de privacidad o el postureo no tienen una repercusión tan peligrosa a primera vista, pero sí tienen consecuencias a largo plazo y no siempre somos conscientes de ellas.

El Show de Truman (Una vida en directo)

Cuando hace más de veinte años se estrenó El Show de Truman, seguramente pocos llegamos a imaginar que la vida de multitud personas acabaría pareciéndose tanto a la de su protagonista Truman Burbank. La gran diferencia es que nosotros sabemos, a priori, que cientos, miles o quizá millones de espectadores están viendo lo que proyectamos en las fotos que colgamos y en nuestros Stories. 

Es decisión de cada cual escoger qué porcentaje y qué aspectos de nuestra vida mostramos a los demás a través de las redes. Habrá quien no tenga reparo en compartir su día a día porque simplemente le apetezca o porque obtenga un beneficio económico. En muchas ocasiones son los más jóvenes quienes más lo practican: han nacido en la era digital y exhibir parte de su vida privada al mundo es lo más habitual para la mayoría de ellos. Simplemente lo tienen asumido, no han vivido la era analógica y les resulta extraño imaginar cómo era un mundo sin internet, smartphones, selfies o redes sociales.

Sin embargo debemos ser muy conscientes de que todo aquello que compartamos queda registrado. El material puede ser grabado o hacerse viral aunque lo eliminemos o se borre automáticamente a las 24 horas y ser utilizado en un futuro en nuestra contra.

Presentando la versión más fake de uno mismo

En la vida real siempre ha habido personas más dadas a aparentar y dejar ver solo los aspectos positivos de su vida, y las redes sociales son el escenario perfecto para ello. ¿Por qué tendríamos que mostrar nuestra cotidianidad? Es más, ¿por qué tendríamos que enseñar nuestras miserias? Ya que escogemos qué compartimos con los demás, elijamos solo lo mejor, o directamente, falseémoslo.

Las redes han potenciado hasta la saciedad que millones de personas únicamente muestren una parte muy sesgada de ellos mismos, caracterizada por la exhibición de sus mejores rasgos y atributos y que el postureo sea el gran objetivo de tantos jóvenes y no tan jóvenes.

Ese postureo es una forma de intentar convencer a los demás de que sus vidas son sumamente interesantes y divertidas, que concocen a muchos personajes públicos o que pertenecen a un estatus social superior al verdadero.

Para ello hay quien usa el Photoshop para mostrarse mejor o para aparecer en un escenario que no es real. Hay incluso quien simula vídeos en los que aparece en otros lugares, usando cromas u otras técnicas de edición de vídeo.

El caso de la actriz Anna Allen fue especialmente sonado porque llegó a engañar durante mucho tiempo a todos los medios de comunicación. Ella misma explicaba como había participado en varias ceremonias de los Oscars, en capítulos de la mítica Big Bang Theory, en producciones francesas o en la BBC, e incluso aportaba documentación gráfica. El descubrimiento de sus mentiras en 2015 hizo que se esfumase de la escena pública y que no volviésemos a saber de ella.

Los motivos por los que las personas necesitan aparentar ser lo que no son pueden ser de lo más variados: muy posiblemente la mayoría compartan una baja autoestima, pero habrá quien sea más narcisista, otros serán megalómanos, algunos necesitarán el reconocimiento de los demás para sentirse mejor, habrá quien no acepte su propia realidad y prefiera construir una ficticia y otros simplemente lo utilizarán en su propio beneficio como una estrategia comercial para convertirse en influencers.

En cualquier caso es importante tener presente que la imagen que proyectamos hacia el exterior tiene un impacto tanto en nuestro entorno real como en el digital y un exceso de postureo y falsedad pueden generar tarde o temprano un rechazo. Si elegimos compartir parte de nuestra vida en las redes, recordemos que tanto la cotidianidad como la imperfección también son bellas. Nos hacen más humanos.

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Montse Armero. Psicóloga General Sanitaria. Colegiada 11986 del COPC.

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