Posiblemente la mayoría hayamos oído hablar de la expresión «La naturaleza es sabia». La fauna y la flora de nuestro planeta tienen su propio ritmo y todo sucede cíclicamente según lo previsto: la floración de los árboles, las mareas, el deshielo de las montañas o la época reproductiva de cada especie. Es cierto que el cambio climático está alterando ese equilibrio −negarlo y eludir nuestra responsabilidad como humanos sería de una inconsciencia y de una hipocresía insultantes−, pero la fuerza de la naturaleza se adapta tan bien como puede al desequilibrio y sigue su orden a pesar de nuestro egoísmo.

De hecho, los seres humanos también tenemos nuestro propio ritmo conectado a la naturaleza, aunque desde la Revolución Industrial nos hemos ido desconectando cada vez más de nuestro reloj biológico. Esa alienación muestra su pico máximo en la actualidad: pese a los grandes avances a nivel sanitario, vivimos en el momento histórico con más prevalencia de malestar emocional (la ansiedad, la depresión, el estrés o el burnout laboral están a la orden del día) y el número de muertes por patologías no infecciosas (cáncer, enfermedades respiratorias, afecciones cardiovasculares o diabetes) no deja de crecer en todo el mundo.

Ante un panorama tan desalentador, podríamos llegar a pensar que no podemos hacer nada para cambiar nuestra situación actual, pero nada más lejos de la realidad. Está en nuestras manos tener una actitud proactiva hacia nuestra salud física y mental y hacer todo lo que podamos para encontrarnos mejor. Para ello, es posible que podamos aprender algo de nuestros compañeros no humanos: nuestras mascotas.

10 estrategias gatunas para mejorar nuestro bienestar emocional

Convivir con gatos es vivir en un aprendizaje constante: por muchos años que compartamos con ellos, no hay día que no nos enseñen algo. Pese a que cohabitan con el hombre desde hace casi 10.000 años, los gatos son animales altamente conectados a su instinto. Ese hecho podría hacernos creer de inicio que es difícil entenderlos, pero si somos lo suficientemente pacientes, descubriremos en estos animales una gran fuente de sabiduría. Veamos algunos de sus mejores hábitos:

  1. Descansar lo suficiente. Los gatos pueden llegar a dormir hasta 16 horas al día. Esa cantidad de tiempo sería sinónimo de un trastorno en el humano adulto, pero es sumamente importante que encontremos el equivalente según nuestras necesidades, ya que lo más habitual es dormir menos de lo que deberíamos y que ello nos genere un gran malestar psicológico, además de otras patologías asociadas.
  2. Comer cuando tengamos hambre, beber cuando tengamos sed. Deberíamos aprender del resto de especies animales y comer y beber cuando haya una necesidad real. Si estamos acostumbrados a comer gran cantidad de alimentos refinados, necesitaremos comer a menudo; si en cambio los sustituimos por alimentos reales y de calidad, muy probablemente estos nos sacien mucho más y no tengamos la necesidad de picar entre horas. Lo mismo sucederá con la bebida: si siempre estamos tomando bebidas azucaradas, es fácil que hayamos perdido la sensación real de sed y tengamos que aprender a recuperarla. Comer con hambre y beber con sed activarán nuestro circuito de la recompensa y el cuerpo generará endorfinas para recompensárnoslo.
  3. Ser ágiles. Los felinos se caracterizan por su gran destreza física: se mueven con gran rapidez y soltura, tienen unos magníficos reflejos y mantienen un gran control de su equilibrio. Quizá la mayoría de  humanos no llegue a igualar estas habilidades, pero no hay persona sedentaria sana y por tanto debemos incorporar el movimiento y la actividad física a nuestro día a día todo lo que sea posible, tanto para mantenernos saludables físicamente como psicológicamente.
  4. Aprender a relajarse. Los gatos son maestros del relax. Además de pasar muchas horas descansando, cuando están despiertos están tranquilos, viviendo plenamente el presente. Solo están totalmente alerta o bien cuando juegan o cazan, o bien cuando sienten algún tipo de amenaza como un ruido abrupto o aparece un depredador. Es cierto que las preocupaciones de los felinos no son las mismas que las nuestras, pero ¿cuántas veces estamos intranquilos mientras estamos descansando en el sofá, viendo una película o simplemente cocinando? Probablemente, demasiadas. De los problemas, más que preocuparse hay que ocuparse, y dedicarles el tiempo justo y necesario para buscar soluciones. Más allá de eso solo nos aportará más quebraderos de cabeza e infelicidad.
  5. Ser observadores. Al vivir tan en el presente, los gatos son animales muy observadores y siempre están pendientes de lo que sucede a su alrededor. Esta característica no está directamente relacionada con la felicidad, pero captar y analizar nuestra realidad nos convierte en personas más conscientes y reflexivas, que pueden tomar decisiones más meditadas y menos precipitadas, y ello sí que puede repercutir en nuestro bienestar.
  6. Dejarse mimar. A la mayoría de gatos les encantan que les acaricien y que les cuiden. Posiblemente a nosotros también, pero muchas veces no encontramos el tiempo para una sesión de spa, un masaje descontracturante o visitar el flotarium en nuestro día a día. Este tipo de actividades pueden resultar más excepcionales, pero a veces es tan simple como pedir que alguien de nuestra familia nos prepare nuestro plato favorito, nos haga un masaje en los pies o nos arrope cuando estamos enfermos.
  7. Ser elegantes. Probablemente muchos estemos de acuerdo en que los felinos son unos de los animales más elegantes que existen: sus movimientos, sus poses o su mirada son de una gran belleza. En el ser humano, la elegancia es mucho más que el estilo o tener buen gusto a la hora de vestir: es una actitud ante la vida y tiene que ver con ser una persona profundamente respetuosa, discreta y sencilla; con la armonía entre lo que decimos y lo que hacemos, con el saber estar y con la humildad.
  8. Ser curiosos. La expresión «La curiosidad mató al gato» se refiere a que inmiscuirse en asuntos que no son propios acostumbra a ser una mala idea. Sin embargo, esa curiosidad puede ser interpretada en un sentido positivo: los gatos son animales a los que les gusta explorar y descubrir lo que hay a su alrededor. Y esa actitud puede extrapolarse a alejarse de la rutina. No hace falta que estemos siempre saliendo de nuestra zona de confort, pero actos tan simples como ir a un nuevo restaurante, cambiar de lugar de veraneo o inscribirse en un curso que nos llame la atención son formas sencillas de crear nuevas experiencias y nuevas ilusiones.
  9. Ser independientes. Los felinos siempre han sido descritos como animales muy independientes y que apenas interactúan con los humanos. Cualquiera que conviva con un gato sabrá que esa afirmación es muy matizable, que son bastante gregarios y que muchos de ellos pasan la mayor parte de sus horas con sus compañeros humanos. Aun así, es cierto que no necesitan de la interacción continua y que no son tan dependientes como otras especies. Esa moderada independencia es una característica que puede beneficiarnos enormemente en nuestro día a día: nos aporta seguridad y confianza en nosotros mismos, y esa sensación nos hace sentir mejor a muchos niveles.
  10. Ser perseverantes. Los gatos pueden llegar a ser tremendamente obstinados cuando quieren algo. Esa actitud extrapolada a los humanos nos puede resultar de mucha ayuda. La constancia es una de nuestras mejores aliadas para conseguir cualquier objetivo al que aspiremos, especialmente cuando nos propongamos un proyecto a largo plazo en el que no veamos resultados inmediatos.

Es posible que los gatos puedan enseñarnos todas estas estrategias, pero no sería justo olvidar otra especie con la que llevamos conviviendo casi 20.000 años y de la que aprendemos cada día: los perros. La segunda parte de este artículo estará dedicada íntegramente a ellos y a los hábitos que pueden enseñarnos para mejorar nuestro bienestar.

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Montse Armero. Psicóloga General Sanitaria. Colegiada 11986 del COPC.

 

 

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