No sé a ti, pero a mí me fascina YouTube. Le ha dado la vuelta a todo, hasta el punto que me parece uno de los mejores inventos en lo que llevamos de siglo —excluyo por supuesto cualquier tema tecnológico que mejore nuestra calidad de vida, mi fe en Elon Musk roza la religiosidad—. Para que te hagas una idea de cómo ha calado entre la población, cada día se visualizan más de mil millones de horas de vídeo en Youtube.

La plataforma ha sabido conectar especialmente con las generaciones más jóvenes y ha dejado la televisión obsoleta. Los contenidos que ofrecen las cadenas, sean públicas o privadas, siguen en su mayoría un formato del siglo pasado y no han sabido enganchar a los adolescentes como lo han hecho los youtubers, los ídolos del siglo XXI.

Reconozco que tardé unos años en seguirlos de cerca, pero ahora no sabría vivir sin ellos. Me gustan especialmente los de la última generación, en los que muchos disertan sobre las materias que han estudiado o a las que se dedican. Algunos de sus vídeos son auténticas joyas: analizan el arte, la política, piezas musicales, las leyes de la física o incluso nos muestran rincones de su alma.

Aunque es difícil escoger entre tanta oferta, mi youtuber favorita es Ter. Por si no la conoces, estudió arquitectura y en muchos de sus vídeos comparte sus conocimientos sobre la materia de forma elocuente y muy divertida. Pero su canal va más allá de hablar sobre edificios. Ter es extremadamente inteligente y sensible, y es su personalidad lo que realmente la diferencia y fascina al espectador.

Su mundo performático, aparentemente aniñado e iluso, es el reflejo de una creatividad y un talento fuera de serie. Pero Ter, como cualquier otra persona, tiene sus claroscuros, como ella misma ha ido dejando caer a lo largo de muchos vídeos y comentó con más detalle la semana pasada en su última publicación.

Hay que ser muy valiente para exponer públicamente parte de tus cadenas, esas que no te permiten avanzar porque están atadas a los fantasmas del pasado. La mayoría no lo hacemos. Escondemos nuestros problemas y traumas detrás de aparente normalidad, como si así nadie fuese a darse cuenta. Pero la psique habla aunque tú no lo hagas, siempre encuentra un camino para hacerlo: ansiedad, depresión, trastornos obsesivos, fobias, adicciones, estrés crónico y un largo etcétera. Y a más problemas, más habla. Y más repercute en nuestra salud, obviamente.

Tengo una teoría sobre el sufrimiento —no fundamentada en ningún estudio científico que yo recuerde— que me encaja con lo que Ter y tantos otros valientes describen. Yo la llamo «La teoría de los poetas y las olas del mar».

Las personas más fascinantes que he conocido a lo largo de mi vida, curiosamente eran personas con heridas muy profundas que buscaban compensar una gran dolor interior. Y lo hacían a través de expresiones artísticas de todo tipo, de una personalidad especialmente atrayente o del discurrir brillante de sus pensamientos sobre temáticas de lo más existenciales. De alguna forma, era como si tuviesen que destacar por arriba para equilibrar sus carencias por abajo.

Y en parte es lógico: el que tiene una vida más o menos alejada del sufrimiento, no necesita equilibrar tantos elementos de su vida y se mantiene en una línea con oscilaciones suaves, tipo las olas del mar en un día tranquilo. Habrá momentos con más fluctuación, como es normal porque todo el mundo acaba viviendo situaciones difíciles, pero en general el patrón será estable y no buscará tanto cómo mejorar porque habitualmente tampoco empeorará de forma acusada.

En cambio, la persona que busca salir del agujero explora, tanto como su dolor le permite, formas para contrarrestarlo o incluso eliminarlo, y su vida se asemeja más a las olas de Zarautz en un día ventoso. Vive más días de gloria, sí, pero también tiene asiento preferente en el infierno.

Ello no significa que todas las obras o genialidades artísticas sean fruto del tormento, ni tampoco que las personas estables no puedan ser deslumbrantes, hay muchas variables a tener en cuenta antes de extrapolar cualquier conclusión sobre la personalidad. Simplemente es un patrón que he observado en numerosas ocasiones y que me permite entender mejor a determinadas personas.

En todo caso, y seas como seas, recuerda que no nos hace ningún bien dejar el dolor dentro, lleve contigo tres días o treinta años. Siempre habrá alguna forma de canalizarlo.

Artículo publicado en La Crónica de Salamanca: https://lacronicadesalamanca.com/255141-valientes/

Montse Armero. Psicóloga General Sanitaria. Colegiada 11986 del COPC.

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