Hoy quiero contarte una historia personal. Este es mi cuarto confinamiento más o menos largo y me gustaría explicarte qué aprendí de los tres primeros. Quizá te sirva de ayuda.

La primera vez que tuve que quedarme en casa de manera forzada fue la más fácil. Me operaron de un quiste sacro y pasé varias semanas de reposo sin poder hacer gran cosa.

No salir fue sencillo comparado con lo que sucedió previamente: perdí mucho peso (comiendo exactamente lo mismo) por todo el dolor físico que aguanté. Los médicos me explicaron que fue porque sometí al cuerpo a un gran estrés, ya que demoré expresamente la fecha de la operación para hacerla coincidir con las vacaciones y no faltar tantas semanas al trabajo. Consecuencias: estuve durante meses con un dolor insoportable que alargó un sufrimiento innecesario.

  • Aprendizaje número 1: opérate cuando te digan los médicos.
  • Aprendizaje número 2: aprende de los errores de los demás, también sirven para evolucionar.

Así que pese a las dificultades (las curas, no poder sentarme, pasar ocho meses en total sin poder conducir, perder masa muscular por no moverme), todo fue bastante bien. Si has pasado un periodo de convalecencia y cada día ibas a mejor aunque solo fuese un poco, sabrás que es más o menos fácil de llevar.

  • Aprendizaje número 3: saber que estás superando una situación ayuda a sobrellevarla.

Otro tema es cuando la cosa no mejora. Mi segundo confinamiento fue mucho más duro y marcó mi vida a un nivel muy profundo.

De un día para otro dejé prácticamente de caminar. Apenas podía dar unos pasos y salir al banco que hay justo delante de mi casa se convirtió en una odisea. Fue un tema vestibular que afectó mi equilibrio y me dejó fuera de juego durante muchos meses.

Las primeras semanas mentalmente fueron un desastre. Entre que los médicos no daban con un diagnóstico y apenas mejoraba, me veía así para el resto de mi existencia. Por muy psicóloga que fuese, no creas que eso me ayudó demasiado en la primera fase mientras todo lo que tenía se desmoronaba. La teoría siempre es más fácil que la práctica.

Pero una vez pasado el shock inicial, reaccioné y activé un plan de choque: dediqué TODAS las horas del día que estaba despierta a realizar crecimiento personal. Leí, vi más vídeos de psicología en Youtube que en toda mi vida y aprendí de mí misma incluso más que en otras situaciones graves que he vivido.

Y mi mente cambió como nunca lo había hecho, o al menos de manera más rápida y profunda. En pocas semanas empecé a sentir una conexión conmigo misma increíble. Puedo decirte que, aunque no pudiera hacer ni una décima parte de las cosas que hacía previamente a quedarme recluida en casa, fui feliz porque aprecié la vida como nunca antes había hecho.

  • Aprendizaje número 4: acepta lo que sucede, sea cual sea la realidad. Te ahorrará mucho sufrimiento.
  • Aprendizaje número 5: en una situación extrema, valorar que estás vivo puede ser tu mejor aliado.

Me quedaron secuelas importantes que a día de hoy aún me afectan y tuve que aprender a vivir con ellas. Fue difícil, no te voy a engañar. Pero siempre hay una parte positiva: pese a las dificultades, cada paso que avanzaba era un pequeño triunfo y mi mente se sentía ganadora.

Hasta que viví un periodo de estrés sostenido en el tiempo con el que no contaba y mi sistema vestibular volvió a retroceder a sus peores momentos. Otra vez no podía caminar ni veinte metros seguidos y mi vida volvió a estar fuera de juego: llegó mi tercer confinamiento.

Lejos de hundirme, activé un plan de acción todavía más rápido y:

  1. Me puse a escribir para sentirme mejor y de aquello surgió mi libro.
  2. Decidí realizar cambios drásticos en mi vida para reducir el estrés y ser coherente con mis valores.

El estrés es algo interno, no nos engañemos. Al final todo está en nuestra mente y podemos aprender a gestionar bastante bien las emociones independientemente de lo que suceda en el exterior.

Sin embargo, estarás de acuerdo conmigo en que hay que ser proactivo. Así que si podemos minimizar las situaciones que nos causan estrés y llevar una vida con la que nos sintamos más plenos, hay que tomar decisiones.

  • Aprendizaje número 6: a grandes males, grandes remedios.

Y llegamos a la situación actual. Este confinamiento es radicalmente diferente: ahora mismo el mundo entero está patas arriba por un virus que apenas conocemos, las amenazas están por todas partes y nos recuerdan lo frágiles que somos.

Nadie sabe cómo van a ser los próximos meses ni cómo de grave va a resultar esta situación. Esa sensación genera un estrés importante que cada uno manifiesta como puede: miedo, preocupación excesiva, egoísmo, ansiedad, abatimiento o irritabilidad, entre otros.

Pero a la vez también están apareciendo emociones maravillosas que nos muestran la parte más positiva del ser humano: somos más solidarios, empáticos, generosos y, sobre todo, mucho más valientes. Porque valiente no es el que no tiene miedo, sino aquel que tiene miedo y a pesar de ello tiene el coraje de actuar y seguir adelante. Por él y por los suyos.

  • Aprendizaje número 7: si los otros pueden ser valientes, yo también.
  • Aprendizaje número 8: gran parte del éxito de la situación actual pasará por dejar atrás el individualismo. Si no pensamos como especie, grupo, sociedad o como quieras llamarlo, no resolveremos adecuadamente el problema.
  • Aprendizaje número 9: las situaciones límite nos ponen a prueba y esta va a marcarnos para siempre de algún modo u otro. Que sea para recordar todo lo bueno que sacamos de nosotros mismos en un momento tan difícil.
  • Aprendizaje número 10: como decía Marie Curie, “Nada en esta vida debe ser temido, solamente debe ser comprendido. Ahora es el momento de comprender más para poder temer menos”.

Así que si en estos momentos estás confinado 24/7:

-Acepta que la situación es la que es (sé que es difícil, pero lo es para todos).

-Establece una rutina y cúmplela.

-Haz tanto como puedas para dejar de escuchar tus pensamientos más negativos.

-Vive en el aquí y ahora: ahora hago gestiones, ahora cocino, ahora como, ahora friego, ahora me río con mi serie favorita. Te ayudará a calmar tu mente.

-Divide tus miedos: en lugar de pensar en todos a la vez y sentirte abrumado, céntrate en uno cada vez. Te resultará más fácil gestionarlo.

-Si tienes que pensar a medio plazo, dedica un tiempo específico para ello. El resto del día olvídate y sigue tus rutinas.

-Agradece cada pequeña acción positiva que suceda (por ejemplo, hoy sale el sol y puedo verlo, hoy me han dado ánimos, hoy me encuentro bien de salud).

-Sé tan proactivo como puedas para salir de esta tormenta siendo más fuerte que cuando entraste. En tus manos está.

Y si te está tocando librar la batalla ahí fuera, además de lo anterior, encuentra momentos  extra para cuidarte tanto como puedas, es clave. Un millón de gracias por hacer que esto sea más fácil para el resto de la sociedad.

Recuerda: aunque haya momentos muy oscuros, también esto pasará. No lo dudes ni por un minuto. O como dice el poeta checo Rilke: “Deja que todo pase, la belleza y el terror, solo sigue andando, ningún sentimiento es definitivo”.

Artículo publicado en La Crónica de Salamanca: https://lacronicadesalamanca.com/268088-tambien-esto-pasara/

Montse Armero. Psicóloga General Sanitaria. Colegiada 11 986 del COPC.

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