El COVID-19 se convirtió en un castillo de naipes

COVID-19

Cuando a finales de enero empezaron a darse los primeros casos de COVID-19 en Europa, gran parte de la población no le dimos ningún tipo de importancia al asunto.

Puede que el personal sanitario estuviese más alerta porque saben muy bien cómo evoluciona este tipo de coronavirus, pero la cosa no pasó de ahí. China está muy lejos y, al menos aquí en España, no nos dimos por aludidos.

Las semanas siguientes asistimos a una mezcla de sorna colectiva hacia un problema que no identificábamos como nuestro. Para muchos tan solo resultaba una amenaza propia de hipocondríacos que habían entrado en pánico.

Hasta que nos estalló en la cara.

En pocos días, el país ha pasado de llamar alarmistas a los que desaconsejaban las manifestaciones del 8M y otras tantas concentraciones públicas, al confinamiento y la paralización de casi todo el país.

Y, cómo no, el cruce de acusaciones políticas está a la orden del día.

Nada nuevo bajo el sol.

No comparto la manera en que ha actuado el gobierno teniendo información previa de la agencia de salud pública europea y de todo lo que estaba sucediendo en Italia. Pero, sinceramente, pongo en duda que otros partidos políticos hubiesen actuado mucho mejor.

A batalla pasada, todos somos generales. Nos encanta creer que nosotros no hubiésemos cometido las mismas equivocaciones. Sin embargo, lo más probable es que si no hubiésemos cometido unas, habrían sido otras. Pocos pueden decir que sabían que esto iba a suceder.

Mientras los políticos siguen apuntando hacia los demás por todos los errores—como nos gusta ver la aguja en el ojo ajeno y no la viga en el propio—, los auténticos héroes de esta historia están en los hospitales dando el callo al 200% y tratando que este virus no deje en jaque al sistema sanitario.

Y por su parte la población general, como en cualquier situación de emergencia, está mostrando sus grandes virtudes y sus peores miserias.

Nuestro instinto de supervivencia se ha activado ante una amenaza real. Las reacciones que hemos visto estos días en los supermercados o en desplazamientos a zonas menos afectadas son muestra de ello y dan que pensar.

Por suerte, en el otro extremo de la balanza estamos viendo a millones de personas concienciadas por el bien colectivo e iniciativas maravillosas que nos hacen mucho más llevadero el confinamiento. Más pasan los días, más pienso que el ser humano es extraordinario.

Dentro de unos años todos recordaremos estos meses, es inevitable. Es muy probable que vivamos otras pandemias a escala planetaria, pero para la mayoría esta habrá sido la primera que nos ha dejado realmente fuera de juego. El mundo entero va a tener que aprender a vivir de forma diferente si realmente queremos hacer frente al COVID-19.

Piensa en cómo quieres rememorar estos momentos dentro de un tiempo, porque puedes hacer mucho por ello ahora mismo. Considera si estás haciendo todo lo que está en tus manos para ser un ciudadano que actúa con responsabilidad. Si es así, reflexiona en qué quieres ocupar estos días tu tiempo y cómo quieres vivirlo. De ti depende en gran parte.

Te deseo mucha salud, grandes dosis de paciencia, una pizca de creatividad para sobrellevar la situación de la mejor manera y si estás afectado por el COVID-19 o por cualquier otra dolencia o enfermedad, una pronta recuperación.

Artículo original publicado en La Crónica de Salamanca

Montse Armero