La Navidad: ¿qué hacemos este año?

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La Navidad de 2020 será recordada durante muchos años como una Navidad diferente.

El otro día comentaba Pedro Sánchez que desde el Gobierno recomendaban regalar seguridad. Salvador Illa insistía en lo mismo, que estas Navidades nos quedásemos en casa.

Eso sí, si nada cambia, los días señalados podremos ir a visitar a nuestros allegados y familiares a cualquier comunidad autónoma y reunirnos hasta 10 personas. El toque de queda se alargará hasta la 1:30 los días 24 y 31.

Puede que esta opción satisfaga a una mayoría de la población que desea reunirse con sus seres queridos como cada año, pero yo sinceramente no la acabo de entender. Esta no me parece una Navidad más.

Estoy convencida de que gestionar una pandemia ha de ser muy complicado. Se decida lo que se decida, se va a cuestionar y criticar.

Si nos prohíben reunirnos, decimos que esto parece una dictadura.

Si nos dejan hacer lo que queramos, exigimos más medidas.

Nunca llueve a gusto de todos. 

¿La solución?

Apelar a la responsabilidad individual. 

Es evidente que en las fechas señaladas no se va a comprobar lo que suceda en millones de hogares.

No solo en España, sino en todos los países del mundo en los que se celebra tanto la Nochebuena como el día de Navidad, que son la gran mayoría. 

Y Nochevieja y Año Nuevo, más de lo mismo.

Más el resto de días especiales: en Cataluña y Baleares se celebra además Sant Esteve —el día 26 también es día de reunión familiar en algunos países de Europa—, o el día de Reyes que se celebra en toda España. 

Muchos días de celebración para una situación tan anómala.

Quedan un par de semanas, y el único país de Europa que parece haber tomado cartas en el asunto de forma algo más restrictiva es Italia. La razón: están en cifras escalofriantes. El pasado día 3 de diciembre llegaban a tener casi mil muertos (993) en un solo día. 

Y en todo esto, cada uno tiene su opinión. 

El otro día, Lucía Galán, pediatra conocida en redes sociales, comentaba lo decepcionada que estaba por las nuevas medidas tomadas por el Gobierno. 

En respuesta, obviamente había de todo: muchos la apoyaban, otros argumentaban lo importante que era verse por Navidad en un año tan duro. 

En general, si preguntamos a virólogos y epidemiólogos, la mayoría apostarán por medidas más restrictivas. 

Si hacemos la pregunta a cualquier persona que trabaje en un hospital y haya vivido las dos primeras olas, más de lo mismo. 

Y si lo comentamos con alguien que haya pasado la COVID-19 de forma grave, pues tendrá clara su recomendación a los demás.

Si en cambio preguntamos a la población general, la respuesta será mucho más amplia: muchos optarán por celebrar las fiestas aunque sea en grupos de 10, y probablemente encontraremos a muchas menos personas que solo lo celebrarán con su grupo de convivientes. 

Bueno, ¿y entonces qué hacemos?

Estoy casi convencida de que a estas alturas tú ya sabes lo que vas a hacer. Tienes tu propio criterio basado en tus experiencias vividas estos últimos meses y no vas a cambiar de opinión así como así.

Por mucho que te digan que habrá una tercera ola, que la economía se resentirá aún más o que puedes contagiar a tus mayores, si has elegido celebrar la Navidad de forma más o menos habitual, aceptarás el riesgo que conlleva. 

Además, es posible que pienses que de todas maneras las consecuencias sanitarias y económicas van a suceder te quedes tú solo en casa o no, por lo que prefieres disfrutar de tu familia, que nunca se sabe si será el último año.

Si en cambio has decidido regalar seguridad y que esta Navidad sea diferente porque quieres proteger a los tuyos, tendrás que aceptar que tu entorno no te entienda y te tachen de exagerado. 

Eso y aceptar de buen grado todo lo que venga a partir de ahora aunque tú te hayas quedado en casa por coherencia y por responsabilidad individual.

No sea que ser el más responsable de todos te agrie el carácter y encima te conviertas en una réplica de Mr. Scrooge.

Así que decidas lo que decidas, sé tan feliz como puedas. 

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Artículo original publicado en La Crónica de Salamanca

Montse Armero