Escala de grises: cómo convivir con ellos

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Hoy quiero hablarte de cómo la vida es profundamente imperfecta y es una auténtica escala de grises.

Te cuento.

El primer viaje largo que realicé con mi marido fue a Reino Unido.

Alquilamos un coche en Inglaterra y estuvimos tres semanas danzando por aquellos parajes idílicos.

Primero fuimos a visitar a mi mejor amigo, así se conocieron. Luego visitamos el Lake District, que es una auténtica maravilla, y de allí para Escocia, que es donde pasamos la mayor parte del tiempo.

Escocia es impresionante. Me parece uno de los lugares más bonitos que he visitado nunca.

Es majestuosa. Creo que fue allí donde sentí por primera vez una conexión tan profunda con la naturaleza.

Todo me parecía mágico: el cielo, el color de las nubes, las tonalidades verdes… Pasamos muchos días en las Highlands y fue alucinante.

Parece idílico, ¿verdad?

Pues Escocia tiene su luz, sí, pero su sombra es del tamaño del país.

Solo llegar a la frontera entre Inglaterra y Escocia nos invadió una niebla que no veíamos ni a 3 metros.

Nos llovió cada día e hizo un frío inusual en pleno mes de julio. Hasta los propios escoceses decían que hacía frío, imagínate.

Las carreteras secundarias eran tan estrechas que solo cabía un coche y estaban al nivel de las de aquí en la época de mis abuelos. Hicimos 3.000 km, así que calcula la de horas que pasamos pisando asfalto.

Pinchamos una rueda y tuvimos que ir a 150 km de distancia a cambiar de coche.

Alquilamos una casa en un pueblo recóndito precioso, pero cada vez que salíamos de casa, los midges —unos mosquitos diminutos—, nos perseguían por cientos.

Si has viajado por tu cuenta sabrás que cada viaje tiene un montón de pros y un montón de contras. Son una metáfora de la vida concentrada.

Me encanta pensar que nada es perfecto. Le quita la presión y la expectativa a todo lo que te planteas.

Cualquier viaje, experiencia, relación, o lo que sea va a tener su propia escala de grises si dura lo suficiente en el tiempo.

¿El Caribe es maravilloso? Vete allí en el mes de agosto que solo puedes dormir con aire acondicionado del calor que hace, o mejor, vete en septiembre en época de huracanes.

¿Si fueras rico no tendrías problemas? Claro que los tendrías. Tendrías problemas de ricos, que puestos a escoger son mucho mejores que los problemas de pobres, pero también te podría quitar el sueño que cientos de familias dependiesen de ti y sus nóminas no estuviesen garantizadas.

Nos gusta pensar en absoluto porque es más fácil de encajar mentalmente, pero casi nada es totalmente maravilloso o totalmente horrible.

La realidad baila entre multitud de tonos grisáceos, es así. A veces un gris perla fácil de digerir, otros un antracita que se nos atraganta y dan ganas de tirar la toalla.

La vida consiste en saber convivir con esa escala de grises.

¿Que la paleta se ha vuelto muy oscura? A veces pasa. Si es tu caso y no sabes cómo volver a los tonos claros, aquí tienes mi propuesta.

Si te ha gustado este artículo, encontrarás muchos más recursos en mi libro Aprendiendo a vivir: Cómo ser un adolescente proactivo y feliz.

Artículo original publicado en La Crónica de Salamanca

Montse Armero

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