Aprender un nuevo idioma: ¿qué beneficios tiene?

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Uno de los grandes propósitos que millones de personas nos hacemos año tras año es aprender un nuevo idioma, o en caso de que tengamos algunos conocimientos, mejorar nuestro nivel.

Hoy en día tenemos más facilidad que nunca para estudiar de forma autodidacta: las bibliotecas públicas cuentan con abundante material, podemos ver series y películas online, practicar nuestra expresión oral con otra persona a través de internet o utilizar una de las cientos de aplicaciones diseñadas para aprender el idioma que tanto deseamos.

Sin embargo, por muchos avances tecnológicos que tengamos a nuestro alcance, la mayoría continuamos en nuestra fantasía de pensar que algún día hablaremos ese idioma, pero no solemos pasar de ahí.

¿Por qué nos cuesta tanto aprender un nuevo idioma?

Las razones pueden ser muy diversas, pero en la mayoría de ocasiones pueden resumirse en dos aspectos fundamentales:

  1. La resistencia a pasar a la acción
  2. El sentido del ridículo

La resistencia a pasar a la acción

Algo que se repite frecuentemente cuando no estamos dando el paso hacia el cambio, es que nos cuestionarnos a nosotros mismos. Nos sometemos a un pequeño (o gran) autosabotaje en el que nos ponemos todo tipo de excusas:

—¿A mi edad?

—Pero si yo no necesito aprender un nuevo idioma.

—Es demasiado esfuerzo para el beneficio que obtengo.

—Qué ganas de complicarme la vida…

—Ya lo haré cuando tenga tiempo…

Es un hecho que a las personas nos cuesta cambiar. Queremos los beneficios del resultado, sea aprender un idioma, ponernos en forma o dejar de fumar, pero no el esfuerzo que hay que realizar para conseguirlo.

En este artículo comentábamos que una de las maneras de vencer el miedo al cambio es dar pasos muy pequeños hacia nuestra meta. De ese modo, nuestro cerebro pondrá menos obstáculos a nuestro intento.

Otro sistema es aprender a planificar de forma adecuada tal y como hacen las personas que más triunfan en la consecución de sus propósitos.

Escojamos el método que escojamos, será imprescindible dejar atrás la idea abstracta que representa nuestro objetivo y materializar pasos concretos.

El sentido del ridículo

La segunda dificultad es fácil de observar en una aula de idiomas: hay alumnos más bien reservados, otros que intervienen de vez en cuando y luego están los que destacan por su participación.

Estos  estudiantes no sienten vergüenza al equivocarse porque saben que forma parte del aprendizaje y, pese a que de media cometen más errores que los demás, la mayoría progresan a un nivel más rápido.

Aprender un idioma es un ensayo y error continuo. Hay idiomas que nos resultan más fáciles por su cercanía al nuestro, como pueden ser el francés, el italiano o el portugués, y otros que nos cuesta más tiempo asimilar su estructura.

No obstante, al final todo se resume en si nos lanzamos a practicarlo o no, y eso y el sentido del ridículo son bastante incompatibles.

Beneficios de aprender una nueva lengua

Aprender un nuevo idioma tiene grandes beneficios para la persona que lo estudia, tenga veinte años o sesenta, ya que nos lleva a:

  • Conocer una cultura diferente a la nuestra y eso siempre ayuda a tomar perspectiva.
  • Es un modo fantástico de socializar: conocemos a más gente de nuestro entorno y, además, cuando ya podemos hablar mínimamente la lengua, nos permite relacionarnos con muchas más personas.
  • Abre las puertas de par en par de nuestro currículum. No es lo mismo hablar un idioma a que hablemos seis; dice mucho a nuestro favor.
  • Nos da la opción de trabajar en diferentes países, y eso nos permitirá contemplar muchas más ofertas de trabajo.
  • Podremos vivir más fácilmente en otros países diferentes al nuestro. Conociendo el idioma nos resultará mucho más sencillo entender cómo funciona nuestro nuevo entorno y llegar a vivir como un local si decidimos quedarnos.
  • Cuando aprendemos un tercer idioma, es más fácil que el segundo, y el cuarto es más fácil que el tercero, especialmente si tienen un origen lingüístico similar.
  • Hace que perdamos el sentido del ridículo y eso es maravilloso, se va la vanidad por la alcantarilla y crea situaciones muy divertidas.
  • Utilizamos nuestro cerebro y nuestra forma de pensar de manera diferente.
  • Nos permite proponernos pequeños retos y alcanzarlos. Si además estamos en el país practicando el idioma, notaremos lo rápido que se consiguen resultados.
  • Nos da seguridad y aumenta nuestra confianza. Ver que somos capaces de elaborar frases en otros idiomas o usar vocabulario que hasta hace poco no conocíamos, nos hace ser conscientes de nuestros progresos y eso hace sentir bien a cualquiera.
  • Aprender por el placer de aprender es una gozada, esa es la mejor motivación.
  • La sensación de comunicarnos de manera adecuada en un idioma que no es el nuestro es simplemente increíble.

Reflexiones finales sobre aprender un nuevo idioma

Llegar a dominar otra lengua que no sea la nuestra conlleva miles de horas de práctica o vivir directamente en el país durante años.

De entrada, ese dato puede echarnos para atrás, pero el aspecto positivo es que esas horas no tienen por qué ser en una academia estudiando gramática, sino haciendo lo que nos gusta, pero en el nuevo idioma.

Cuando actuamos de ese modo, aprender un idioma pasa a ser secundario. Lo que prima es hacer lo que nos divierte, desde salir con nuestros amigos a leer nuestra novela favorita.

Si realmente queremos aprender una nueva lengua, cuanto antes nos pongamos, antes disfrutaremos de los beneficios de su aprendizaje.  Y es que si no es ahora, ¿cuándo?

Si te ha gustado este artículo, encontrarás muchos más recursos en mi libro Aprendiendo a vivir: Cómo ser un adolescente proactivo y feliz.

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Montse Armero

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