Eres desierto y oasis: recordando a Walt Whitman

desierto y oasis

Desierto y oasis simbolizan a la perfección el ying y el yang de la vida: nada es totalmente bueno ni nada es totalmente malo.

A la cara bonita de la vida nos sumamos todos, pero nadie, a no ser que sea masoquista, quiere pasar por malos momentos.

Huimos de ellos como de la peste.

Y cuando los vivimos porque no nos queda otra, queremos que pasen lo más rápido posible.

Pura supervivencia.

Aceptar que la vida es desierto y oasis, como decía Walt Whitman, no es nada fácil. Cuando estás en la cresta de la ola o algo parecido, fantástico, pero el desierto… ay, el desierto.

Pues hoy vengo a reivindicar el desierto. Primero porque nos guste o no va a formar parte de nosotros toda la vida, así que cuanto antes lo aceptemos, mejor.

Y segundo: cuanto más duras sean esas condiciones desérticas, más nos llevarán a tomar a acción, ya lo sabes.

Si estas en medio del desierto de Atacama al lado de una cuba con 20 000 litros de agua, poco vas a mover el… trasero.

Pero si en cambio solo te queda agua para tres días, vas a tener que agudizar el ingenio al máximo. Vas a tener que ser el rey de la proactividad (o el presidente si eres republicano, me da igual).

Aprender a salir de los embrollos y malentendidos, resolver los problemas que se nos presentan, vivir las situaciones sin solución con la mayor dignidad… todo ello requiere una actitud proactiva que hay que trabajar, y mucho.

Y lo mejor es que se puede aprender, que no es cosa de cuatro privilegiados que sí saben cómo hacerlo.

Aquí una fórmula para jóvenes (y también para adultos, te explico por qué en el enlace):

Aprendiendo a vivir: Cómo ser un adolescente proactivo y feliz

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PD: Te dejo por aquí el poema de Walt Whitman. Creo que si lo leyésemos cada mañana antes de empezar el día, muchas cosas serían diferentes.

 

No te detengas

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,

sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.

No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,

que es casi un deber.

No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.

No dejes de creer que las palabras y las poesías

sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.

Somos seres llenos de pasión.

La vida es desierto y oasis.

Nos derriba, nos lastima, nos enseña,

nos convierte en protagonistas

de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra,

la poderosa obra continúa:

Tú puedes aportar una estrofa.

No dejes nunca de soñar,

porque en sueños es libre el hombre.

No caigas en el peor de los errores:

el silencio.

La mayoría vive en un silencio espantoso.

No te resignes.

Huye.

«Emito mis alaridos por los techos de este mundo»,

dice el poeta.

Valora la belleza de las cosas simples.

Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,

pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.

Eso transforma la vida en un infierno.

Disfruta del pánico que te provoca

tener la vida por delante.

Vívela intensamente,

sin mediocridad.

Piensa que en ti está el futuro

y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte.

Las experiencias de quienes nos precedieron,

de nuestros «poetas muertos»,

te ayudan a caminar por la vida

La sociedad de hoy somos nosotros:

Los «poetas vivos».

No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas.

 

Artículo original publicado en La Crónica de Salamanca

Montse Armero

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