La ciudad: cómo huir de ella sin morir en el intento

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La ciudad representa para algunos la tierra de las oportunidades y para otros la meca del estrés. Yo pertenezco al segundo grupo.

En los últimos años siempre he dicho que viviré donde sea que haya mucho verde y mucho azul, y si el azul se duplica y le añadimos el azul del mar o de un lago, mejor todavía.

No sé tú, pero yo con los años necesito cada vez más verde, más azul y menos gris.

Será que me hago mayor… o puede que cada vez me escuche más a mí misma y menos a los demás.

Muy probablemente sea una mezcla de ambas razones más alguna más de la que a lo mejor no soy ni consciente.

Porque antes me encantaban las ciudades. No vivía allí pero me pasaba la vida en la “urbe”.

¡Las ciudades están tan llenas de vida y ofrecen tantas posibilidades! A nivel laboral, servicios, recursos de todo tipo… son increíbles.

Tienes mil opciones para comer, la oferta cultural es espectacular, y si no te gusta vivir en el centro porque es demasiado bullicioso, también puedes vivir en otros barrios y estar igualmente bien comunicado.

Lo piensas así y vivir en la ciudad parece que solo ofrezca ventajas.

Así que si eres un city lover no creas que no te entiendo: vivir en la ciudad es de lo más práctico y creo que en el fondo tengo bastante de urbanita, es algo que ha formado parte de mi vida durante muchos años.

Pero las ciudades también representan un gran nivel de polución, tráfico ensordecedor y gente por todos lados.

A mí todo eso me estresa demasiado.

Puede que tu ciudad sea más tranquila, no lo sé, pero la mía, Barcelona, es una macro urbe y cada vez que voy me da la sensación de que me estoy metiendo en una gran bola de cemento.

Ya sé que exagero, pero imagino que entiendes lo que te quiero decir.

Estoy convencida de que la mayoría de personas que viven en la ciudad no piensan así, o al menos no todo el tiempo. Simplemente viven su día a día en sus barrios y les parece normal vivir en un sexto rodeado de edificios o no ver un poco de verde.

Además, las ventajas de vivir en una ciudad son enormes y como no se puede tener todo en esta vida, a la mayoría le compensa.

Sin embargo, estoy casi segura de que habrás oído hablar del fenómeno que se ha dado desde que empezó la pandemia.

Parece ser que soy muy poco original, porque el éxodo de miles de personas que han decidido cambiar el gris por el verde y el azul es más que significativo, y no solo en España.

Muchos se han dado cuenta de que sus necesidades no son las mismas que antes del COVID-19. Por ello, han decidido priorizar otros aspectos de su vida a los que ahora dan más importancia, como puede ser la calidad de vida o la salud.

¿A ver si esto de querer estar más en contacto con la naturaleza va a ser algo que necesitemos más de lo que pensamos?

Ahí lo dejo.

Yo lo tengo claro. Con los años he perdido el interés en casi todo lo que tiene que ofrecerme la ciudad.

En cambio el verde y el azul me llaman con sus cantos de sirena y no puedo resistirme a ellos, qué le voy a hacer.

Por supuesto que con este texto no pretendo convencerte de nada, todo está bien si a ti te está bien.

Además, siempre hay múltiples opciones que se adaptan a las necesidades de cada uno: salir más el fin de semana al campo, acercarte de vez en cuando a la montaña o la playa si las tienes cerca o incluso ir a pasear al parque cada día un rato para respirar un poco más de aire puro.

Es cuestión de ser consciente de su importancia e incorporarlo a tus hábitos saludables.

¿Eso es lo que te cuesta?

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Artículo original publicado en La Crónica de Salamanca

Montse Armero