Autogestión del aprendizaje y sus características

Autogestión del aprendizaje y sus características

 

La autogestión del aprendizaje es el proceso mediante el que un estudiante organiza y dirige su propio conocimiento. También es conocido con el nombre de aprendizaje autogestionado, autogestivo o autorregulado.

Este sistema sitúa al alumno en el epicentro del aprendizaje, convirtiéndolo en un sujeto activo. Justo lo opuesto a lo que sucede en la educación tradicional, con el profesor como gestor absoluto de la transmisión de conocimientos.

Es un aprendizaje que fomenta la autonomía y la madurez de la persona, entre otras muchas habilidades positivas. Veamos con más detalle sus características y beneficios.

¿Qué es la autogestión del aprendizaje?

La autogestión del aprendizaje es una formación personalizada en la que el alumno establece los objetivos que desea lograr. En todo momento decide qué, cuándo y cómo aprender. Para ello planifica, administra y distribuye su propio trabajo, siendo él mismo quien supervisa sus avances o retrocesos.

La motivación del alumno es el eje vertebrador de este tipo de aprendizaje. Es él mismo quien decide sus metas en función de sus intereses.

En esta modalidad de aprendizaje el profesor toma un papel secundario, aunque también importante: el de facilitador de las experiencias de aprendizaje. Pasa a ser un soporte en el que el alumno puede apoyarse; una especie de guía en la sombra. Está ahí y es adecuado que el alumno lo sepa, sin embargo, el aprendizaje ya no gira en torno a sus explicaciones.

La autogestión del aprendizaje requiere de fases de observación previa, antes de adquirir una cierta autonomía. Eso es especialmente así en edades tempranas o cuando el conocimiento de la materia es reducido.

Así, el alumno observa al experto llevar a cabo la actividad. Seguidamente, procede a imitar al modelo, quien facilita la retroalimentación. Poco a poco el estudiante es más autónomo, hasta que llega el momento en que es capaz de autorregularse.

¿Qué características se necesitan para desarrollar una buena autogestión del aprendizaje?

Existen una serie de características de personalidad que harán que algunas personas tengan más facilidad que otras para conseguir un buen aprendizaje autorregulado. No obstante, pueden desarrollarse y potenciarse en gran medida, por lo que aprender de forma autogestionada está al alcance de la mayoría.

Iniciativa

El alumno debe hacer de la proactividad su modus operandi. Ser una persona proactiva significa no esperar que nadie solucione los problemas. Tomar la iniciativa, investigar y buscar siempre la mejor opción son hábitos de las personas más resolutivas.

Autorregulación

El estudiante que se autorregula es capaz de gestionar de manera consciente su cognición, su conducta, sus emociones y su motivación para alcanzar las metas establecidas. Encontrar el equilibrio entre estos 4 aspectos supondrá estar mucho más cerca del éxito.

Autorrefuerzo

La persona que estudia de manera autogestionada debe ser capaz de encontrar la fuerza, la motivación y los refuerzos necesarios para continuar. Y eso es algo que hallará dentro de sí misma, ya depender de reforzadores externos no permanece en el tiempo.

Autoconfianza

El aprendiz que desea gestionar adecuadamente su aprendizaje debe tener en cuenta que su confianza se verá afectada por el proceso. Por esa razón, es importante que la trabaje.

Una confianza sana le permitirá desapegarse de los resultados. A la vez, le otorgará seguridad para continuar explorando y aprendiendo.

¿Cómo se puede aplicar este modelo de aprendizaje?

De forma concreta, la puesta en práctica de la autogestión del aprendizaje requiere de cuatro fases:

  1. Acercamiento a la tarea: el alumno evalúa sus recursos y su motivación ante la nueva tarea.
  2. Establecimiento de metas: en esta fase establece unos objetivos y planifica los pasos para alcanzarlos.
  3. Realización del plan: aquí es cuando las estrategias cognitivas toman protagonismo.
  4. Reorientación: la autoevaluación permite al estudiante valorar sus logros, aprender de sus errores y reorientar sus objetivos en caso de que sea necesario.

Además, para poner en práctica la autogestión del aprendizaje es importante potenciar una serie de estrategias que nos ayuden a conseguir los objetivos finales. Aunque hay muchas teorías al respecto, podemos agruparlas en tres apartados principales, según Suárez y Fernández (2016).

1. Estrategias cognitivas en la autogestión del aprendizaje

Dentro de este apartado incluiríamos los procesos más relacionados con la interiorización del conocimiento. Con estas estrategias el alumno pasa de un nivel de conocimiento a otro mayor.

Para poder llevarlas a cabo, es fundamental que el alumno domine aspectos como saber seleccionar la información más importante, realizar esquemas, resúmenes y mapas conceptuales y conocer diversas técnicas de memorización. También debe enfatizar el repaso y practicar frecuentemente la autoevaluación.

2. Estrategias de control y gestión de recursos

Para una buena adquisición del conocimiento es crucial que los alumnos sepan organizar de manera adecuada su estudio. Tener una buena planificación es, sin dudas, una de las mejores formas de aproximarse al estudio autorregulado.

Para ello, se deberán tener en cuenta aspectos como la gestión del tiempo de estudio, fomentar la atención y la concentración, estudiar en un entorno adecuado, desarrollar la persistencia y la cultura del esfuerzo.

3. Estrategias motivacionales

Otro de los aspectos claves a tener en cuenta para una buena autogestión del aprendizaje es la autorregulación emocional. Las emociones tienen un papel clave en el aprendizaje y saber gestionarlas facilita el resto de tareas.

Para mantener una buena autorregulación es importante enfatizar aspectos como la motivación intrínseca, el desarrollo de una autoestima sana, la proactividad, la gestión adecuada de las expectativas y saber establecer metas concretas y realistas.

Recomendaciones finales sobre la autogestión del aprendizaje

La autogestión del aprendizaje es una modalidad de aprendizaje adoptada por muchos sistemas educativos. Las escuelas libres llevan ya un siglo situando al alumno como centro del aprendizaje. Y cada vez más escuelas tradicionales incorporan actividades centradas en la autogestión.

Es un sistema que facilita la motivación e implicación activa por parte del alumno. Pero, al igual que cualquier actividad educativa, debe estar bien planificada y supervisada. En caso contrario, es fácil que el alumno no sepa cómo proceder.

Por ello, es importante que antes de que el alumno pueda autogestionarse de manera autónoma, adquiera una serie de estrategias que le permitan ganar confianza. El seguimiento de un modelo, un experto o un profesor será una buena base.

Artículo original publicado en Mejor con Salud

Montse Armero