Volver a la rutina no siempre es fácil

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Qué tendrá el mes de septiembre que hace que todo tenga olor a nueva etapa. Es un volver a empezar en muchos sentidos.

Las tiendas se llenan de ropa otoñal cuando todavía caminamos en pantalón corto y chanclas.

Muchos adultos estrenamos agenda como si aún siguiésemos en el colegio.

Otros incluso se apuntan a algún curso de inglés o al gimnasio con la esperanza de que esta vez sí sea la definitiva.

¿Y qué me dices de cómo se acortan las tardes? Durante el verano no es muy evidente que las horas de luz se reducen desde finales de junio, pero en septiembre ya no hay ninguna duda. Estamos a punto de entrar en el otoño y se nota.

Volver a la rutina acostumbra a despertar emociones encontradas.

Por una parte nos da seguridad y estabilidad. Pero por otra sentimos el vacío que supone dejar atrás actividades que nos aportan realización personal. Que aquí cada uno incluya las que más le llenen, desde tener más tiempo para leer, practicar deporte, estar con los hijos o los amigos o incluso echar la siesta.

Volver al trabajo también supone para muchos emociones muy incómodas, para qué engañarnos. Hay quien disfruta de su empleo, por supuesto, pero en el mundo hay millones y millones de personas que se sienten realmente insatisfechas con sus trabajos.

La idea de cambiar puede sonar alentadora, pero muchas de esas personas no están en condiciones de cambiar sus trabajos. La vida puede ser muy complicada.

Ante situaciones difíciles de cambiar, me gusta pensar en una frase de Tony Robbins. No es que yo sea su mayor fan, pero admiro su capacidad como comunicador y vendedor. En eso es un 10.

La frase de Robbins dice algo así como que la gente sobrestima lo que es capaz de cambiar en un año y subestima lo que puede llegar a cambiar en una década.

Piénsalo.

En un año te puede cambiar la vida, sí, también en un segundo si tienes un accidente, pero lo más habitual es que en un año no haya grandes cambios en la vida de una persona.

La mayoría no pierde 50 kilos, pasa a ser el cachas del barrio o se vuelve millonario en 365 días.

Pero si piensas todo lo que se puede cambiar en diez años, la vida toma otro sentido.

En una década una persona puede formarse y cambiar de trabajo con mucha más facilidad.

Puede llegar a cambiar de estatus social.

Puede pasar de ser sedentaria a ser una triatleta profesional.

En definitiva, puede reinventarse.

Si ajustamos los tiempos de forma realista, la mayoría tenemos una gran capacidad de margen para cambiar lo que no nos gusta de nuestra vida.

Y ya digo, realista, aquí no valen las fantasías ni el vendehumismo.

¿Se sale de una depresión en tres meses? ¿Es posible olvidarse de la ansiedad en pocas semanas? ¿Puedo dejar de sentir estrés en poco tiempo?

Pues lo más probable es que no. Los temas de salud mental también requieren su tiempo, como todo. Pero toma el camino adecuado, y verás como poco a poco la vida va cambiando.

Aplicable a casi todo. Tomar una dirección y seguirla puede llevarnos mucho más lejos de lo que podemos imaginar.

Solo es cuestión de saber hacia donde queremos ir y empezar a caminar.

Si no sabes por dónde empezar, pásate por aquí. Puede que en mi newsletter encuentres algunas ideas que te sean de ayuda.

Artículo original publicado en La Crónica de Salamanca

Montse Armero