La flor de almendro: un espectáculo visual

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La flor de almendro está en plena floración estos días después de llevar meses de sequía poética.

Realmente, la vida nos demuestra una y otra vez que lo único que permanece es el cambio.

Lo habrás experimentado hasta la saciedad en tu vida. Todo cambia. Si no es al cabo de unos meses, es al cabo de unos años. Y si no, de unas décadas.

Es inevitable.

Cambian las personas, los edificios, las tendencias, las sociedades, los paisajes. Cualquier cosa que compares con hace un siglo, ha cambiado, aunque sea por simple deterioro.

Pero es que si lo comparas con hace diez o quince años, también. No teníamos redes sociales ni internet en el móvil, ¿te acuerdas de cómo era?

No sabría decirte si mejor o peor, pero sin duda, el día a día de miles de millones de personas era diferente.

Lo que más me gusta de este momento del año son dos cosas: la primera es que las tardes son más largas, ya no hay duda. A principios de enero es solo una intuición, las tardes apenas duran cinco minutos más. Pero ahora ya es una obviedad. Y me encanta.

La segunda es que cuando más pelados están los árboles caducos, la flor de almendro hace acto de presencia. La última semana de enero aparecen las primeras flores y en pocos días ya están en plena floración.

Recuerdo que en una de las casas donde viví unos años tenía dos almendros justo delante. Creo que son las vistas más bonitas que he tenido nunca. Cuando llegaba esta época, era un espectáculo para los sentidos.

La floración del almendro me hace ser consciente de lo que te comentaba sobre el cambio permanente.

Cuando todo parece que está igual, llega el almendro y te recuerda que esta rueda no deja de girar.

Tal cual.

Cuando eres consciente de ello, es un buen momento para plantearse si estás donde quieres estar.

Porque como ya sabes más que de sobras, el tiempo pasa que se las pela, y dejarse llevar por la inercia sin un propósito de vida claro puede hacer que nos alejemos, y mucho, de una vida más plena y significativa.

Cuanto antes aprendamos a ser proactivos, antes aprenderemos a tomar las riendas y hacer que nuestra vida no sea solo una rueda que gira.

Y gira.

Y no tiene dirección.

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Artículo original publicado en La Crónica de Salamanca

Montse Armero

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