La introversión y su invisibilidad

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La introversión es un rasgo de personalidad que se caracteriza por centrarse más en los sentimientos internos que en los estímulos externos.

En el lado opuesto está la extroversión.

La mayoría de personas no son extremadamente introvertidas o extremadamente extrovertidas, sino que suelen ser una mezcla de las dos.

Aunque por supuesto también hay personas claramente extrovertidas —obtienen mucha energía de la interacción social—, y claramente introvertidas.

Los introvertidos en general son personas más reservadas, silenciosas, reflexivas y optan por pasar más tiempo en soledad que los extrovertidos.

¿Es eso bueno? ¿Malo?

Ni bueno ni malo, es una característica más de personalidad.

Se estima que entre un 25 y un 40% de personas son introvertidas, así que en el mundo hay introvertidos hasta aburrir.

Aunque es una característica de personalidad bastante estable, de alguna forma dependerá de la época vital —cuando somos niños o jóvenes tendemos a socializar más por las horas que pasamos en grupo— y de las circunstancias personales que enfaticen más un rasgo u otro.

Muchas veces se confunde la introversión con la timidez, pero estas no tienen por qué ir de la mano.

La timidez aparece cuando uno se siente inseguro ante situaciones sociales nuevas. Esta puede dificultar establecer conversaciones con desconocidos o pasar tiempo en grupo.

Para algunas personas llega a ser tan incómodo y les generan tanto malestar que evitan casi cualquier situación social por ello.

Son personas a las que les gustaría relacionarse más con los demás, pero la situación les genera ansiedad. La ansiedad social pueden sufrirla tanto personas introvertidas como personas extrovertidas, no siempre va acompañada de introversión.

En cambio, muchas personas introvertidas tienen buenas habilidades sociales. Sin embargo, prefieren no hacer uso de ellas todo el tiempo porque necesitan su espacio y pasar más tiempo en soledad. Es una elección y no un trastorno, aunque no siempre esté bien visto.

Culturalmente —al menos en los países del sur de Europa— la extroversión es una característica extremadamente potenciada: cada vez hay más grupos de trabajo, muchas oficinas han dejado de tener paredes, los niños trabajan en grupo cada vez más y la forma de socializar mediterránea gira alrededor del grupo, sea comiendo, tomando algo o bailando en grupo.

¿Y eso es malo? Por supuesto que no. Vivimos en sociedad y debemos sacarle el mayor provecho al aspecto grupal.

En general, no cuando estamos viviendo una pandemia, claro.

Sin embargo, esa forma de proceder no siempre beneficia a todos y quizá no siempre saque lo mejor de cada uno.

Por ejemplo, las personas introvertidas funcionan mucho mejor trabajando individualmente. O muchas veces se ven forzadas a realizar actividades en grupo aunque no les apetezca. El miedo al rechazo puede en muchas ocasiones más que el deseo propio.

Si las empresas tuviesen más en cuenta este rasgo de personalidad, probablemente mejorarían su funcionamiento y a largo plazo serían más productivas.

Una lástima que no siempre se tengan en cuenta las características individuales a la hora de trabajar. Ganaríamos todos.

Si tu ansiedad social no te deja avanzar, pásate por aquí, puede que te interese.

 

Artículo original publicado en La Crónica de Salamanca

Montse Armero