Los perros: ¿qué pueden enseñarnos sobre la felicidad?

 

los perros

Si en el artículo anterior comentábamos lo felices que son los gatos, hoy toca hablar de los perros.

De entre todas las especies que el ser humano ha domesticado, el perro se encumbra como animal de compañía preferido por la mayoría.

Llevamos conviviendo juntos desde hace veinte mil años y hemos construido una relación muy sólida entre las dos especies.

Solo en España hay censados más de cinco millones de ejemplares y se estima que en todo el mundo pueda haber alrededor de quinientos millones.

La mayor parte de perros conviven con humanos, aunque hay algunas zonas del planeta, especialmente en África, en las que viven de forma salvaje.

Por su forma de ser, los canes son animales que se adaptan fácilmente a su nuevo entorno. Además, es tal la interacción y momentos que comparten con sus dueños que en muchas ocasiones son considerados como un miembro más de la familia.

Los perros y sus estrategias para ser felices

Estos animales pueden ser compañeros de vida durante muchos años, mostrándonos un modo ejemplar de actuar en muchos momentos y del que podemos sacar provechosas lecciones. Veamos algunas de las más importantes.

Los perros aman la vida

La mayoría de los perros desbordan alegría cuando ven a sus dueños o cuando saben que algo que les gusta va a suceder.

Ese entusiasmo por la vida es una actitud admirable y una conducta a tener presente en nuestro día a día si queremos sentirnos mejor, ya que nos ayudará a valorar y a agradecer cada pequeña acción positiva que ocurra a nuestro alrededor.

Se mantienen activos

Muchas razas de perros se caracterizan por ser altamente enérgicas y requerir de sus dueños mucha actividad física.

Iniciar el día con ese dinamismo —que no debemos confundir con empezarlo estresados—, es una de las mejores actitudes que podemos adoptar. Nos hará sentir más fuertes y activos, además de mejorar nuestro estado de ánimo.

Aprenden rápidamente

Los canes destacan por su alta capacidad de aprendizaje y por su inteligencia respecto a otros muchos otros animales.

Como humanos no deberíamos olvidar que gran parte de nuestro cometido en esta vida es aprender en tantos ámbitos como nos sea posible: indagar en nuestro autoconocimiento, adquirir cada vez más estrategias para relacionarnos mejor con nuestro entorno o ser cada vez más competentes a nivel laboral son algunos de los aspectos que requerirán de una gran dedicación por nuestra parte para mejorar nuestro bienestar.

Los perros sienten las emociones

Los perros no saben disimular su estado anímico. Si están contentos, saltarán como locos demostrándolo y nos llenarán de afecto hasta que se agoten. Si están tristes, se mostrarán apáticos, posiblemente dejarán de comer y su lenguaje corporal será un reflejo de su malestar, desde su expresión facial hasta su cola decaída.

Esa coherencia entre lo que sienten y lo que expresan puede inspirarnos a reconocer mejor las emociones en nuestra piel y saber expresarlas de manera adecuada.

De hecho, las personas más estables emocionalmente no son aquellas que no sienten nunca ansiedad, rabia o aflicción, sino aquellas que las reconocen dentro de sí, sienten el dolor que les produce y aprenden a gestionarlo hasta que desaparece.

Son afectuosos

Como están tan conectados a sus emociones, los perros no tienen ningún reparo en mostrarnos su afecto y manifestar lo importantes que somos para ellos.

Demostrar nuestra estima nos hará estar más en contacto con nuestras emociones y nos permitirá expresarlas cada vez con más facilidad.

Son empáticos

La alta sensibilidad de los canes les permite captar las emociones primarias de los humanos −como por ejemplo la tristeza, la ira o el miedo−, y reaccionar a ellas.

Si por ejemplo nos mostramos especialmente alegres, se contagiarán de la emoción y celebrarán nuestro entusiasmo. Cuando nuestro estado de ánimo empeore, su tendencia natural será hacer algo para que nos sintamos bien, intentando animarnos o simplemente permaneciendo a nuestro lado.

Mejorar nuestra empatía nos hará sentirnos más cercanos a los demás, aumentará nuestro grado de humildad y nos hará ser personas más conscientes y agradecidas.

Los perros juegan como nadie

A los perros les encanta jugar. El juego les mantiene activos, les hace pensar y estimula su inteligencia.

Nuestro equivalente sería practicar cualquier actividad que nos mantenga alerta y que nos haga sentir mejor, desde ejercicios más físicos que requieran planear algún tipo de jugada, como el baloncesto o el voleibol,  hasta hacer un scape room o jugar al ajedrez.

Son valientes

De vez en cuando escuchamos historias increíbles sobre perros capaces de arriesgar su vida por salvar a humanos o a otros animales.

Su actitud ejemplar puede servirnos de inspiración para afrontar nuestros miedos o para tomar decisiones importantes.

Una dosis extra de valentía siempre nos aportará seguridad y mejorará nuestra autoestima aunque el resultado de nuestras acciones no sea el esperado.

Interactuan con los demás

Los perros son básicamente animales sociables. A la mayoría de ellos les encanta rodearse de humanos en casa y de otros miembros de su especie en el parque.

Seamos personas más introvertidas o más extrovertidas, los vínculos con nuestra familia y nuestros amigos son uno de los factores que más repercuten en nuestro bienestar emocional.

Por ello es muy importante cuidar las relaciones con los más allegados y compartir momentos de calidad que asienten la cohesión y la pertenencia al grupo.

Aman incondicionalmente

La lealtad y el amor que demuestran los perros hacia sus dueños es de otro planeta. Entre ellos se crea un vínculo de una gran profundidad, posiblemente difícil de entender si nunca se ha convivido con un perro como mascota.

Proyectar más amor no solo hacia las personas que nos importan, sino hacia cualquier acción que realicemos, dando lo mejor de nosotros mismos a cada paso que demos, será una de las mejores maneras de conectar con nuestra esencia bondadosa y nos hará sentir mucho más en paz con nosotros mismos.

Reflexiones finales sobre los perros

La convivencia con perros y otras especies puede enseñarnos herramientas muy útiles para mejorar en nuestro día a día.

Tan solo necesitaremos una buena dosis de curiosidad para aprender, humildad para aceptar lo poco que sabemos, y gratitud para apreciar todo aquello que provenga de nuestros hermanos los animales.

Si te ha gustado este artículo, encontrarás muchos más recursos en mi libro Aprendiendo a vivir: Cómo ser un adolescente proactivo y feliz.

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Montse Armero

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