Terapia de grupo, ¿en qué consiste?

La terapia de grupo es un tratamiento que se ha popularizado por su efectividad. De forma resumida, consiste en agrupar a varias personas para trabajar determinadas técnicas psicoterapéuticas.

Al igual que la terapia individual, facilita a los miembros del grupo estrategias y recursos cognitivos y emocionales para ayudarles en su proceso de mejora o cambio.

Este modelo terapéutico surgió hace más de un siglo, de la mano del internista Joseph Pratt, quien realizaba un trabajo psicoeducativo sobre la tuberculosis.

No obstante, no fue hasta décadas después que la psicoterapia grupal se popularizó gracias a terapeutas como Jakob Levy Moreno, el fundador del psicodrama, y el psicoanalista Horst-Eberhard Richter.

En la actualidad, la terapia grupal es un tratamiento consolidado que se utiliza tanto en el ámbito de la psicología como en el de la psiquiatría. Su eficacia ha sido probada y sus beneficios son diversos. A continuación, te explicamos todos los detalles.

¿En qué consiste exactamente una terapia de grupo?

La terapia grupal se caracteriza por estar formada por uno o máximo dos terapeutas y un grupo reducido de pacientes que acostumbran a sentarse en círculo.

Su dinámica dista bastante de la terapia individual. Si bien ambas comparten el hecho de hablar de la problemática de cada persona, el estar en grupo aporta más matices.

A menudo, el terapeuta inicia la sesión recapitulando el encuentro anterior, introduciendo un tema para hablar o comentando algo que haya sucedido que ataña a los miembros del grupo.

Seguidamente, da paso a alguno de los participantes para que explique su situación actual. El resto de los compañeros escucha hasta el final y, luego, se le proporciona un feedback.

En función de cómo evolucione la sesión, el terapeuta propondrá determinadas actividades. Algunas de ellas pueden ser, por ejemplo, dinámicas de aceptación, ejercicios de role-play o la práctica de técnicas de cohesión de grupo.

El formato suele ser bastante flexible; así, en algunas sesiones se habla más y en otras se realizan más ejercicios. Por lo general, su duración va de una hora y media a dos horas, y su periodicidad suele ser semanal, quincenal o mensual.¿En qué consiste exactamente una terapia de grupo?

Características de la terapia de grupo

Los grupos terapéuticos se diferencian de la terapia individual por una serie de características.

De inicio, la relación entre los participantes en este tipo de terapia cobra mucho protagonismo. La persona no solo se compromete a cambiar por sí misma, sino también porque forma parte de un colectivo que avanza hacia el cambio.

El paciente dentro del grupo se siente arropado y no juzgado, ya que los miembros se apoyan los unos a los otros. Esa cohesión le proporciona una gran motivación y, de paso, aumenta su compromiso y participación en el grupo.

Además, el escenario grupal se convierte en una estrategia terapéutica en sí misma, dado que los participantes dan y reciben feedback del resto de miembros del grupo. Todo esto afianza su seguridad, ya que resulta muy satisfactorio aportar ideas o experiencias vitales, y que estas sean de utilidad para otras personas.

Entre otras cosas, cabe mencionar que los miembros de un determinado grupo terapéutico pueden tener ciertas características en común, aunque no siempre es así. Algunos son heterogéneos y están formados por personas de diferentes edades, personalidades, orígenes y problemáticas.

Requisitos para participar en un grupo terapéutico

La mayoría de las personas pueden participar en este tipo de tratamiento. Sin embargo, lo ideal es que sea el propio terapeuta quien analice si, por las características individuales y la situación actual del paciente, es un buen momento para trabajar en equipo.

Por supuesto, para participar en las sesiones grupales se solicita el cumplimiento de una serie de requisitos que favorecen la buena dinámica del grupo. Entre estos, los siguientes:

  • Motivación para entrar al grupo de trabajo.
  • Objetivos similares al resto de componentes del grupo.
  • Compromiso para asistir a las sesiones.
  • Puntualidad.
  • Deseo de participar en las dinámicas.
  • Actitud respetuosa ante las opiniones de los demás; la persona no está en el grupo para juzgar a nadie.
  • Confidencialidad. La persona debe comprometerse a no explicar a nadie más lo que sucede en las sesiones.

¿Qué dificultades se tratan en la terapia de grupo?

El tratamiento grupal se aplica con éxito en la mayoría de trastornos psicológicos o dificultades emocionales específicas. Así, son conocidos los grupos terapéuticos de adicciones como el alcohol o los equipos que trabajan los trastornos alimentarios, como la anorexia y la bulimia.

También son frecuentes los programas orientados hacia las siguientes condiciones:

  • Trastorno bipolar o esquizofrenia.
  • Ansiedad y depresión.
  • Trastorno de la personalidad.
  • Gestión del duelo por la muerte de un familiar.
  • Personas con riesgo de suicidio.
  • Pacientes que quieren fomentar sus habilidades sociales.

Asimismo, los programas de psicoterapia pueden establecerse de manera ambulatoria, en grupos de hospital de día o ingreso hospitalario.

Inconvenientes de la terapia grupal

Aunque la terapia grupal es una herramienta muy eficaz, no todas las personas se sienten cómodas una vez entran a formar parte del grupo. Algunos de los aspectos negativos que más manifiestan son los siguientes:

  • Sensación de no pertenencia al grupo cuando alguien entra a uno ya formado.
  • Frustración al observar que hay personas que avanzan más rápido que otras.
  • Baja implicación cuando se tratan temas que no interesan al paciente.
  • Desinterés por determinadas dinámicas.
  • Indiferencia hacia las explicaciones de algunas personas.
  • Sentimiento de exclusión cuando no se encaja con algunos miembros del grupo.

Otros inconvenientes que pueden presentarse al trabajar en grupo implican que alguno de los miembros acapare en exceso la atención o que su compromiso con el grupo sea irregular.

En este caso, el terapeuta es quien debe mostrarse lo suficientemente hábil como para reconducir las dinámicas adoptadas por algunos componentes del grupo. También debe conseguir que todos sus miembros puedan sentirse motivados e implicados hacia el cambio.

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Montse Armero