Estigmas sociales: qué hacer para superarlos

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Los estigmas sociales están muy presentes en la sociedad. Y es que, lamentablemente, visibilizar la diferencia acarrea el prejuicio de muchas personas que no aceptan que el mundo no sea como ellas quieren que sea.

Para entender exactamente qué son los estigmas sociales podríamos definirlos como la posesión de algún atributo o rasgo personal sobre el que las otras personas tienen estereotipos y prejuicios. Ello conlleva que la persona sea devaluada, y en muchas ocasiones discriminada y excluida.

Podemos diferenciar entre estigma público, que es el que emite la sociedad, y el autoestigma, aceptado por la propia persona que lo padece. Los estigmas sociales están presentes a muchos niveles y la salud mental es una de las áreas dónde más podemos encontrarlos. Estos generan una dificultad añadida a las enfermedades psicológicas y psiquiátricas.

Consecuencias de los estigmas sociales

Los estigmas sociales siempre tienen una connotación negativa, por lo que las personas que los sufren van a verse perjudicadas. Es cierto que hay algunos capaces de vivir con ellos sin que les repercutan, pero suelen ser la excepción.

En el caso de padecer una enfermedad mental, algunas de las consecuencias de ser víctimas de los estigmas podrían hacer que la persona:

  • Se sienta incomprendida en muchos momentos, tanto por su familia como por sus amigos y hasta desconocidos.
  • Pueda sentir una gran soledad y aislamiento y esto agrave su trastorno.
  • Piense que no podrá mejorar sus circunstancias.
  • Prefiera esconder su condición a los demás para no sentirse juzgada.
  • Se resista a buscar tratamiento para su trastorno.
  • Pueda tener reacciones desproporcionadas.

El autoestigma: una forma de sabotearnos

Una de las primeras cosas que debemos hacer en caso de sufrir algún trastorno mental es no caer en el autoestigma. Esto significa que los pacientes que pertenecen al grupo estigmatizado toman los estigmas sociales como válidos.

Al igual que la forma pública, el autoestigma está formado de estereotipos, prejuicios y discriminación. Así, la persona puede dar por válidas ideas de que no es capaz de cuidar de sí misma o que es demasiado débil.

El autoestigma también se manifiesta en la conducta y la persona puede, por ejemplo, autodiscriminarse y no presentarse a un puesto de trabajo para el que está cualificada, por el mero hecho de creer que el estigma social hacia su enfermedad mental es cierto.

Otro ejemplo muy común es que la persona sienta miedo a ser etiquetada, no busque ayuda y no reciba el tratamiento adecuado. Esta situación es contra la que más tenemos que luchar como sociedad, dado que un diagnóstico y un tratamiento tempranos pueden mejorar la calidad de vida.

¿Cómo lidiar con los estigmas sociales hacia la enfermedad mental?

Hay diversas formas de luchar contra el estigma de la enfermedad mental. Una de ellas es obtener tratamiento.

Un diagnóstico adecuado de lo que nos sucede puede orientarnos a su resolución o a una mejora significativa de los síntomas, ya sea a través de psicoterapia, fármacos o una combinación de ambos. Además, tener un diagnóstico nos permitirá unirnos a algún grupo de apoyo y conocer personas que han pasado por lo mismo que nosotros.

Es importante que no nos identifiquemos con la enfermedad. Por ejemplo, decir «soy depresivo» nos ancla en el trastorno y no nos permite salir de ahí. En cambio, decir «actualmente tengo depresión» implica que puede ser algo que cambie con el tiempo. Uno puede tener depresión en una etapa de su vida y después superarla.

El uso correcto del lenguaje también ayuda a modificar los estigmas sociales. Es fundamental que evitemos etiquetas como «loco», «tarado», «demente» o «chalado», y utilicemos un lenguaje más inclusivo que priorice la persona y no la patología. Por ejemplo, podemos referirnos a alguien como «una persona con esquizofrenia» o «un individuo con problemas de salud mental».

Por último, otra forma de lidiar contra los estigmas sociales es hablar de ellos de forma pública. Los estigmas son muchas veces fruto del desconocimiento, por lo que compartir conocimientos y expresar la opinión en eventos, redes sociales o reuniones con amigos puede ayudar.

Reflexiones finales sobre los estigmas sociales

La enfermedad mental no es algo que pueda sucederle a los demás y no a nosotros. Se estima que 1 de cada 5 personas sufrirá una enfermedad mental a lo largo de su vida. Eso significa que podemos ser nosotros los afectados o alguien cercano.

Las personas con enfermedades mentales que cuentan con el apoyo de sus familiares, amigos y compañeros de trabajo consiguen reinsertarse mejor. Al contrario, sentirse juzgado y discriminado les aleja de la recuperación.

Los estigmas sociales son una realidad contra la que debemos combatir todos como sociedad. Y podemos hacerlo con algo tan sencillo como utilizar un lenguaje más inclusivo, por ejemplo.

Algo más complejo es cuestionar nuestros prejuicios y estereotipos, pero no por ello debemos dejar de hacerlo. Una sociedad que no discrimina a sus individuos por cualquiera de sus condiciones es una sociedad más sana, más madura y que avanza.

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Artículo original publicado en Mejor con Salud

Montse Armero

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