Las personas no cambian ¿O sí?

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El otro día leí una frase en Instagram de esas que parecen sentenciar la verdad absoluta. Decía así: “Las personas no cambian, lo que cambia son los ojos con los que la miras”.

Toma ya, claro que sí.

Publico frases en mis redes sociales todos los días desde hace años. Los días que me dedico a buscar nuevas ideas, encuentro de todo: algunas caen en grandes tópicos, otras aportan un nuevo punto de vista del que no siempre somos conscientes, y las hay que son auténticas perlas de sabiduría.

Pero es evidente que fuera de contexto, muchas frases pierden su sentido.

Y en este caso, eso de que solo cambia nuestra perspectiva es relativo a más no poder.

Es cierto que a veces dejamos de ver al otro como solíamos hacer: una persona que nos demuestra que está madurando y la vemos con otros ojos; alguien que nos vislumbraba con su sabiduría resulta que acaba siendo un vendehúmos, o aquello que nos enamoró de nuestra pareja pasa a ser su peor defecto.

Nuestra visión de los demás evoluciona con los años, y no siempre tiene que ver con que la otra persona continúe o no siendo la misma.

Pero no es menos cierto que las personas cambian. No en un día, ni en una semana ni en un mes, pero cambian.

Cualquier acontecimiento importante de la vida modifica nuestra perspectiva vital, y en muchas ocasiones también las acciones que tomamos.

Un estudio de la Universidad de Edimburgo analizó el cambio en personas cuando tenían catorce años y sesenta y dos años después. Los resultados, como era de esperar, marcaron que había habido una transformación muy significativa en sus formas de ser a lo largo de sus vidas.

La personalidad no es fija, sino que es modulable, y aunque tengamos una tendencia estable a lo largo de la vida, podemos evolucionar o empeorar en muchos aspectos.

Así que sí, las personas cambian. Unos lo hacen poco, otros depende de la época vital por la que pasan y otros necesitan cambiar constantemente para sentirse mejor.

Tan iguales para unas cosas y tan diferentes para otras. Así somos.

Artículo original publicado en La Crónica de Salamanca

Montse Armero