¿Es posible perdonarse a uno mismo?

Perdonarse a uno mismo no es una tarea sencilla: requiere humildad, paciencia, una compasión profunda y sentir amor incondicional hacia nuestro ser. Sin embargo, es esencial que aprendamos a llevarlo a la práctica si realmente queremos estar en paz con nosotros y con los demás.

La mayoría de las personas hemos cometido errores a lo largo de nuestra vida, pues eso forma parte de la experiencia vital. Desearíamos haber actuado de forma diferente y pensamos que si tuviésemos una nueva oportunidad, procederíamos de otro modo.

No saber poner límites en el trabajo o en una relación, ser excesivamente sumisos o agresivos, actuar de forma egoísta o hacer algo que perjudique a otras personas, son ejemplos de situaciones que pueden llevarnos a sentir un gran malestar en forma de culpa o de resentimiento hacia nosotros mismos. 

¿Es inadecuado sentir culpa?

La culpa es un mecanismo de acción básico en nuestro aprendizaje. Guía nuestra conciencia y nos impone límites que nos muestran si nuestras motivaciones y conductas son adecuadas o no. Según el teórico de la personalidad, Erik Erickson, desarrollamos ese sentimiento de culpa sana hacia los tres años de edad.

En caso de no desarrollarla y no haber interiorizado un código ético y moral, podemos tener muchas dificultades a la hora de relacionarnos con los demás. De hecho, la ausencia de culpa es una de las principales características de los psicópatas.

Así, sentir culpa cuando hemos actuado de forma errónea es un buen indicador. Significa que somos conscientes de que hemos hecho algo mal. Y esa emoción es la que nos puede llevar a enmendar la situación, sea disculpándonos o realizando otra acción que resuelva el malestar.

El problema radica cuando nos sentimos culpables por acciones o decisiones tomadas en el pasado, y dejamos que algo que ya pasó nos atormente una y otra vez, entrando en un círculo vicioso. Ese bucle no nos permite vivir plenamente el presente y nos ata a un pasado no resuelto.

¿Qué significa perdonarse a uno mismo?

Perdonarse a uno mismo no significa justificar una conducta inadecuada ni tampoco dejar de sentir remordimientos. Quiere decir que tenemos que reconocer las emociones negativas que ello nos genera y, aun así, decidir que pierdan fuerza en nuestro presente.

Perdonar es un proceso progresivo, no sucede de golpe, especialmente si el acto a perdonarnos es complejo. Habrá personas a las que les lleve años sanar completamente sus heridas, y en cambio a otras les resultará más sencillo.

Para perdonarnos es necesario cambiar nuestra percepción de la situación vivida. Por ello, debemos darnos permiso para avanzar y superar aquello que sucedió, viviendo el presente en paz y abriéndonos a un futuro sin dolor.

Perdonarse a uno mismo también significa superar la resistencia al cambio, ya que en muchas ocasiones nos resulta más fácil sentirnos culpables que atrevernos a dejar atrás la autocrítica y el dolor.

perdonarse a uno mismo

Fases del perdón

Perdonarnos a nosotros mismos es un proceso formado por las siguientes etapas:

  1. Reconocer la verdad: para poder perdonarnos es necesario ser honestos con nosotros mismos. Si hemos hecho algo mal, es mejor no engañarnos.
  2. Asumir la responsabilidad de lo sucedido: todos los actos tienen consecuencias, por lo que es mucho mejor ser valientes y enfrentarnos a lo que ello conlleve.
  3. Entrar en contacto con los sentimientos más profundos que motivaron ese comportamiento: saber qué nos llevó a actuar de esa manera es un buen paso para no repetir el mismo error en el futuro.
  4. Abrirnos a sentir sin juzgarnos: la aceptación de nuestra imperfección jugará un papel clave en este punto. Aceptar lo sucedido es la base para poder sanar.
  5. Cicatrizar las heridas emocionales: para ello será necesario permitir que la autocrítica abra paso a la compasión hacia nosotros mismos.
  6. Amarnos a nosotros mismos de forma incondicional: significa aceptarnos en nuestra totalidad, con nuestros dones y virtudes, pero también con nuestros defectos y errores. En esta última fase, amarse y perdonarse son básicamente lo mismo.

Estrategias para perdonarse a uno mismo

A efectos prácticos, hay acciones que pueden ayudarnos a perdonarnos más rápidamente. Veamos algunos ejemplos:

  • Disculparse. Pedir disculpas es un gran paso adelante en caso de haber hecho daño a alguien, sea de forma consciente o inconsciente. Eso sí, deben ser unas disculpas profundas y sentidas desde el corazón. Además deben ser sin expectativas, ya que pedir perdón no significa que la otra persona nos perdone inmediatamente. Lo que sí facilitará es nuestro proceso de sanación y puede que también el de la otra persona.
  • Compartir la experiencia. Explicar a alguien nuestros errores puede ayudarnos en el proceso de liberación de la culpa. Podemos, por ejemplo, contárselo a un amigo que nos transmita seguridad emocional y nos acepte. Otra posible solución será ir a terapia con un especialista para que nos ayude a gestionar nuestras emociones.
  • Escribir. Otra opción muy válida es explicar en una carta todo lo que desearíamos decirle a la otra persona. Ello nos permitirá ordenar nuestros pensamientos y emociones y descargar buena parte del dolor. En función de la situación, decidiremos si entregamos nuestro escrito a la otra persona o si simplemente es parte de nuestra sanación.
  • Curar nuestro niño interior. La meditación es una herramienta muy potente que pueden facilitar el perdón. Entrar en un estado de relajación y comunicarnos con nuestro niño interior herido, dándole toda la seguridad y el amor incondicional que necesita, ayudará a reconciliarnos con nuestro pasado.
perdonarse a uno mismo

Reflexiones finales

Como en otros tipos de perdón, perdonarse a uno mismo es un proceso. Es un camino que transitamos en el que vamos dejando atrás el dolor para abrirnos a vivir un presente y un futuro sin sufrimiento.

Debemos aprender a aceptar que en cada una de las etapas de la vida procedemos según nuestro grado de conciencia. Si en el pasado no actuamos de manera adecuada, posiblemente fue porque no sabíamos hacerlo mejor.

Y es precisamente en el proceso de sanación cuando nos damos cuenta de que ya no estamos en la fase donde erramos, y que gracias a esa equivocación hemos podido evolucionar. Ello debería permitirnos avanzar de forma más liviana y compasiva hasta conseguir estar en paz con nosotros mismos.

Artículo original publicado en la revista Mejor con Salud

Montse Armero