Los sueños no cumplidos

La mayoría de personas fantaseamos con cumplir nuestros sueños a lo largo de la vida. Algunos son más inalcanzables y otros los tenemos más cerca de lo que creemos, pero todos se caracterizan por inspirarnos a pensar que nuestra existencia puede ser mejor. Los sueños son como un motor que nos hace avanzar y nos impulsa a continuar esforzándonos.

Las aspiraciones más inaccesibles no suelen generar grandes desilusiones, ya que como las vemos tan fuera de nuestro alcance, entendemos que no forman parte de nuestra biografía y aceptamos fácilmente que esa realidad no nos pertenece.

Sin embargo, los deseos más cercanos pero que no llegamos a conseguir, sí que pueden causar una frustración más continua en el tiempo y afectarnos en nuestro día a día.

Cuidado con las expectativas

Cada uno de nosotros tenemos proyectos que no se han visto cumplidos: encontrar el amor, tomarnos un año sabático, aprobar unas oposiciones, un viaje especial, conseguir un buen empleo, recuperarnos de una enfermedad o ser padres.

Realidades mucho más comunes en nuestro entorno y que precisamente por ello puede ocasionarnos un mayor sufrimiento. ¿Por qué los demás lo logran y nosotros no?

Ya comentamos en el anterior artículo el tema de la aceptación y la fórmula de Mo Gawdat sobre la felicidad. Esta era definida como los acontecimientos de nuestra vida menos las expectativas de cómo deberían ser.

Es decir, que mientras más pensemos que nuestras circunstancias tendrían que ser diferentes, más infelicidad cosecharemos.

Por lo tanto, lo primero que debemos hacer para dejar de padecer es rebajar esas expectativas hasta ajustarlas a un criterio más realista, y si aun así no pueden cumplirse, renunciar a ellas y reinventarnos.

El lado positivo de lo negativo

Dejar de lado los sueños que no se han cumplido puede ayudarnos a ser personas mucho más sencillas y humildes que agradecen lo que tienen. Además, desarrolla nuestra tolerancia a la frustración.

Aceptar que el mundo no es cómo nosotros queremos, sino que es como es, contribuye a nuestro desarrollo personal y a nuestra madurez.

Pero es que además puede resultar muy positivo, ya que en el proceso de reinvención podemos descubrir otras ilusiones mucho más realistas y disfrutar con ellas más de lo que jamás hubiéramos pensado. Si volvemos a los ejemplos anteriores, podemos darles la vuelta por ejemplo del siguiente modo:

  • ¿No encuentro el amor? Y qué más da, puedo ser feliz sin una persona a mi lado. A partir de ahora voy a centrarme en mí, en disfrutar de los que más quiero como jamás he hecho y en conocer a personas estupendas con las que compartir nuevas experiencias. Si un día conozco a alguien especial, fantástico, y si no lo conozco, igual de fantástico.
  • ¿No puedo tomarme un año sabático? No pasa nada. Desde hoy voy a aprovechar mi tiempo libre como nunca y gozar de mis pequeños momentos sabáticos. No hace falta esperar a que llegue el fin de semana o las vacaciones: cada día del año puedo vivir momentos especiales e inolvidables.
  • ¿No apruebo unas oposiciones? Prepararlas me ha enseñado a ser una persona altamente disciplinada, por lo que voy a utilizarlo a mi favor para conseguir mi próxima meta.
  • ¿No puedo realizar ese viaje especial? Pues por ahora voy a disfrutar de mi entorno, aquí también puedo encontrar rincones maravillosos que me hagan sentir agradecido por todo lo que me rodea.
  • ¿No logro un buen empleo? De momento voy a seguir formándome con todas mis ganas para estar más preparado y así poder tener muchas más opciones en el futuro.
  • ¿Mi enfermedad no mejora? Aunque a veces cueste, sé que puedo ser igualmente feliz con mi situación actual. Además, voy a adoptar una actitud proactiva y hacer todo lo que esté en mis manos para recuperarme lo antes posible.
  • ¿No conseguimos ser padres biológicos? Podemos ser inmensamente felices sin tener hijos, millones de personas en el mundo lo son. Es momento de redefinir nuestras prioridades o de plantearnos otras opciones como la acogida o la adopción.

Reflexiones finales sobre los sueños no cumplidos

Como puedes observar en los ejemplos anteriores, no hace falta esperar a que todo sea como deseamos para sentirnos bien. De hecho, es mucho sano emocionalmente ajustar nuestras expectativas a la realidad y disfrutar de lo que tenemos.

Así, aprender a relativizar y encontrar la belleza y la magia en nuestra cotidianidad es una manera fantástica de encarar nuestro día a día, pues convierte cada detalle en especial y nos proporciona pequeños grandes momentos de felicidad.

Si te ha gustado este artículo, encontrarás más recursos de este estilo en mi libro Aprendiendo a vivir: Cómo ser un adolescente proactivo y feliz.

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Montse Armero

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