Septiembre

septiembre

Septiembre es un mes especial para muchos de nosotros. La mayoría hemos descansado algunos días o semanas en el período estival y es hora de recuperar nuestros hábitos.

Un «volver a empezar» que podemos vivir desde la ilusión y las ganas de reincorporarnos a nuestra rutina, pero que, desafortunadamente, no siempre es así para todos.

Y es que no a todo el mundo le gusta su trabajo, sus estudios o sus quehaceres diarios.

Por no citar a todos los que durante estos meses han perdido su empleo y no tienen uno al que volver cuando empieza septiembre.

Probablemente todos en algún momento hayamos pasado por momentos en que frases como «No me siento lo suficientemente realizado», «Esto no es lo que quiero», «¿Pero qué me ata a seguir aquí?», o directamente «No puedo con la vida», hayan pasado por nuestra mente.

Nadie dijo que encontrar nuestro lugar en el mundo fuera fácil. Tampoco que las circunstancias que fuéramos a vivir serían perfectas.

Lo que sucede es que durante el año nos adaptamos rápidamente a la rutina y entramos en una especie de anestesia que adormece nuestro malestar.

Pura supervivencia.

Y ese estado de aletargamiento hace que no tengamos tan presente plantearnos otras opciones, o que simplemente fantaseemos con ellas pero que se queden en eso, en meras ideas abstractas que no llegamos a materializar.

Para añadir algo más de complejidad al asunto, es muy posible que en la mayoría de situaciones las cosas no sean blancas o negras y haya aspectos de nuestra realidad que nos compensen. Y precisamente estos compensadores hacen que tomar una decisión al respecto resulte aún más difícil.

Además, ¿quién sabe a ciencia cierta si realizar un cambio es ir siempre a mejor?

No tiene por qué serlo.

«¿Quién me garantiza que si cambio de carrera me gustará más la otra?», «¿Seré más feliz si me separo de mi pareja?», «¿Emprender hará que realmente me sienta realizado profesionalmente?», «¿Mejorará mi calidad de vida si me opero?», «¿Y si me arrepiento de haberlo dejado todo e irme a vivir al campo?».

Esas inquietudes salen a la luz con más fuerza cuando vivimos otras realidades como irnos de vacaciones.

Es lo que yo llamo «período transitorio de lucidez», ya que somos más conscientes que en cualquier otro momento de las emociones que nos genera, por una parte, salir de nuestro entorno, y por otra, asimilar el choque posterior que supone volver a la normalidad.

Septiembre es un momento propicio para plantearnos si realmente nos gusta el lugar donde estamos (real y metafóricamente hablando) o si deseamos reajustar algún aspecto de nuestra vida.

Cómo hacerlo es otra historia, pero por ahora aprovechemos la incomodidad que nos brinda esta lucidez para escuchar a esa porción de nosotros que se pasa la mayor parte del año silenciada.

Quizá tenga algo interesante que contarnos.

Montse Armero

Artículo original escrito para La Crónica de Salamanca

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